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Espectáculos

Ángela Becerra lleva al extremo las pasiones en una obra de denuncia social

WUVN News
02/12/2013 11:10 AM

Madrid, 12 feb (EFE).- Ángela Becerra lleva las pasiones a sus máximos extremos en “Memorias de un sinvergüenza de siete suelas”, una novela que a su vez se convierte en una crítica de la sociedad actual y de su doble moral, sazonado todo ello con un punto de magia.

La escritora colombiana, precursora del “idealismo mágico” y una de las voces con más éxito de su país, galardonada con el III Premio Iberoamericano Planeta-Casa de América de Narrativa con “Ella que lo tuvo todo”, está convencida de que “un punto de magia” puede ayudar a que la historia tenga más “fuerza, emoción”.

“A nivel mundial, el odio y el amor siempre serán igual; no hay llanto japonés, colombiano o español”, afirmó hoy a Efe Becerra (Cali, 1957), para quien los sentimientos nos igualan. Sin embargo, dijo que esta historia está impregnada de “un punto de desgarro”, de ver hasta qué extremo un personaje es capaz de llevar al máximo el odio, el amor, el miedo o el dolor.

Confesó la escritora que es la primera vez que utiliza la narración en primera persona y así los tres personajes principales, Francisco -el ilustrísimo sinvergüenza-, Morgana -su esposa cegada por el odio y la venganza- y Alma -la encarnación del amor y la compresión- narran una misma historia.

Una misma historia que cada una de las tres voces relata “a su propia manera, como la sintió, tratando de convencer a su auditorio de que la suya es la verdadera”, explica la autora, radicada en Barcelona desde hace varios años.

La novela se desarrolla en un solo día, durante el velatorio del “soberano sinvergüenza”, al que acuden personas de toda índole y condición, unas para adularle y otras para reprocharle lo que hizo en vida.

En ese desfile en el que quedarán expuestas la venganza, el odio, el amor, la ira, el erotismo, la frustración, la vergüenza, el ego y tantas otras emociones y sentimientos, habrá cabida también para denunciar “la falta de escrúpulos que impera en muchos círculos de la sociedad”.

Y la escritora solo tuvo que leer las noticias de los escándalos políticos publicados por los diarios para dibujar a un “personaje (Francisco) que subvenciona campañas políticas para ganarse el beneplácito”.

“Se trata de una sátira”, afirma Becerra, para añadir que “en toda la novela hay una denuncia de la doble moral: mucha parte de la sociedad está acostumbrada a moverse entre dos aguas y a no ser clara”.

Una crítica que la escritora extiende a personajes “pertenecientes a la iglesia” que en los últimos años han mantenido una doble moral.

Y es que Francisco trata igual con políticos, clérigos o empresarios que encarna la figura del “tramposo estafador, la del vividor, la del villano, la del inteligente, el políglota…”.

Un personaje que pese a su ascensión social, reconocimiento y continuas conquistas es un hombre insatisfecho, pues lo único que le importa no lo tiene, su primer amor, Alma.

Y ella será su “frustración” a la vez que su “leitmotiv”, por lo que su ambición radica en demostrar a todos que, pese a su origen humilde, puede estar entre la alta clase y ser digno de aquella joven de quien le separaron.

Para ello, no escatimará en su propia descomposición moral, en vivir sin escrúpulos de ninguna índole e ir pisoteando a quien encuentre a su paso.

Reconoce Becerra su novela como una historia maniqueísta en la que se mantiene una batalla “entre el bien y el mal” durante toda la narración, pero también llena de magia que le permite establecer juegos como la aparición de cientos de pavos reales como metáfora del ego desorbitado del protagonista.

Confiesa Angela Becerra que la inspiración de esta obra, que destila erotismo y sensualidad en muchas de sus páginas, tuvo dos fuentes: una persona disfrazada de Casanova en los carnavales de Venecia de 1998 y un vividor que conoció en su país, quien desnudó sus sentimientos ante la escritora.

Mientras que la idea de situar al protagonista en su propio féretro y ser testigo de su velatorio y reflexionar sobre su propia vida la tomó de una noticia publicada en Colombia que relataba cómo una familia había mantenido a una anciana embalsamada en una hamaca, a la cual visitaba todos los domingos y dialogaba con ella.

Ya solo le faltaba el escenario, y para ello escogió Sevilla como lugar perfecto para ubicarla, “una de las ciudades más mágicas”, que Becerra hace que se cubra de negro y se vista de luto cuando se produce de manera fulminante la muerte de Francisco el idolatrado.

Por Mercedes Bermejo

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