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El dilema diplomático tailandés entre Estados Unidos y China

WUVN News
02/23/2013 2:50 AM

Bangkok, 23 feb (EFE).- La diplomacia tailandesa navega en la ambigüedad con el fin de equilibrar la balanza entre su longeva alianza política y militar con Estados Unidos y su creciente dependencia de la economía china.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, la política exterior tailandesa ha estado en mayor o menor medida condicionada por su relación política y comercial con Washington y sus conflictos en Asia, la amenaza comunista o la “Guerra contra el terror”.

Desde hace tres décadas, Washington y Bangkok organizan las maniobras militares “Cobra Gold”, a las que también invitan a países de la región.

La última edición de estos ejercicios militares concluyó el pasado jueves en la región norte de Tailandia, donde participaron más de 13.000 soldados de Estados Unidos, Tailandia, Singapur, Japón, Indonesia, Corea del Sur y Malasia.

Los militares ensayaron operaciones de ataque con vehículos anfibios, helicópteros y lanchas, simulacros de ataques bacteriológicos o nucleares y ejercicios de ayuda humanitaria.

Durante la última jornada, los ensayos tuvieron lugar en la provincia norteña de Sukhothai, con un simulacro de asalto con munición real en el que participaron helicópteros y más de un millar de soldados estadounidenses y tailandeses con metralletas y fusiles de combate.

Según la mayoría de los analistas, la estrategia del Gobierno estadounidense en la región de Asia-Pacífico, incluidas las maniobras militares en Tailandia, va dirigida a contener el ascenso chino en la región, sin embargo el juego político es más complejo.

La participación de China como observador en el “Cobra Gold”, junto con Nueva Zelanda, Rusia, Holanda o los Emiratos Árabes Unidos, demuestra que Washington también evita convertir a Pekín en un enemigo para no reeditar una Guerra Fría.

Durante los años en que el mundo temblaba por la rivalidad entre el país norteamericano y la Unión Soviética, Tailandia fue un fiel aliado de Estados Unidos llegando a enviar tropas a la guerra de Vietnam.

En esta contienda, murieron 539 de los cerca de 37.000 soldados tailandeses que participaron entre 1967 y 1971, al tiempo que los bombarderos estadounidenses partían diariamente de bases tailandesas para lanzar toneladas de bombas en suelo vietnamita, laosiano o en Camboya.

Tras la victoria comunista en Indochina, la relación entre Washington y Bangkok se resintió y las autoridades tailandesas exigieron la salida de las tropas de Estados Unidos de su suelo.

No obstante, el Gobierno de Bangkok siguió considerando a Washington un aliado clave en la lucha contra el comunismo, que se nutría en su suelo con miles de desafectos que durante los años 70 se unían a la guerrilla contra los gobiernos militares.

A finales de los años 80, Estados Unidos y Tailandia iniciaron los ejercicios militares “Cobra Gold”, a los que se fueron uniendo más países de la región.

Otro ejemplo de la buena relación es la parada de descanso que realizan todos los años miles de soldados de la marina estadounidense en Pattaya, una ciudad en la costa tailandesa conocida por su ocio nocturno, principalmente en su extenso barrio rojo.

No obstante, la influencia del gigante chino no ha dejado de crecer en la región y esto afecta al Gobierno tailandés.

Tailandia no sólo sigue la política china de no reconocer oficialmente a Taiwán, sino que una parte significativa de su población es de ascendencia china, incluida la primera ministra, Yingluck Shinawatra.

Pekín se ha convertido en los últimos años en uno de los mayores socios comerciales de Tailandia, que trata de mantener el equilibrio entre las dos potencias.

En noviembre del año pasado, el secretario de Defensa de EE.UU., Leon Panetta, y su homólogo tailandés, Sukumpol Suwanatat, firmaron una alianza estratégica similar a la que ambos países suscribieron hace 60 años para combatir al enemigo comunista.

Sukumpol se apresuró a descartar que la nueva declaración tuviera el objetivo de frenar el expansionismo de Pekín en la región y apuntó que su Gobierno firmará pronto un pacto similar con China.

“Tailandia es amiga de las naciones que tienen buenas relaciones con nosotros. Ambos, Estados Unidos y China, son nuestros amigos”, declaró el ministro tailandés.

Gaspar Ruiz-Canela

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