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Las lágrimas de Miller y el bigote de Samkova marcan la jornada

WUVN News
02/16/2014 7:39 AM
Actualizada: 02/16/2014 4:15 PM

Sochi (Rusia), 16 feb (EFE).- Las lágrimas del estadounidense Bode Miller, que hoy se convirtió a sus 36 años en el esquiador más veterano en lograr una medalla olímpica en esquí alpino, marcaron una jornada en la que el bigote de la checa Eva Samkova, ganadora de la prueba de cross de ‘snowboard’, puso la sonrisa a los Juegos de Sochi.

Un metal que agrandó, todavía más si cabe, la leyenda del estadounidense, que con el bronce conquistado hoy en el supergigante suma ya un total de seis medallas -un oro, tres platas y dos bronces- en sus cuatro participaciones olímpicas.

A ese extraordinario palmarés Miller añade cuatro títulos de campeón del mundo, en cuatro disciplinas diferentes, así como dos globos de cristal, al imponerse en la general de la Copa del Mundo de los cursos 2004-05 y 2007-08.

Pero el tiempo no perdona a nadie, ni siquiera a los más grandes, y Bode Miller, que no compitió la pasada campaña para recuperarse totalmente de la lesión de rodilla que le obligó a pasar por el quirófano en 2012, parecía destinado a competir en Sochi.

Sin embargo, el norteamericano quería otra medalla olímpica, recuperó la forma, adelgazó más de quince kilos y dejó claro que no sería una mera comparsa en la cita olímpica, tras lograr a finales del pasado mes de enero un segundo puesto en el supergigante y un tercero en el descenso en Kitzbühel (Austria), la meca del esquí alpino.

Puestos que no pudo repetir en Sochi ni en el descenso, donde fue octavo, ni en la supercombinada, en la que fue sexto, pero hoy sí, tras lograr la tercera plaza, compartida con el canadiense Jan Hudec, en un supergigante, en el que se impuso el noruego Kjetil Jansrud.

El bronce de hoy hizo aflorar la lágrimas del veterano Miller, que festejó su nueva medalla abrazado a su mujer, la modelo y jugadora de voley-playa Morgan Beck, incapaz tampoco de contener el llanto.

El llanto de Miller dejaron en un segundo plano el éxito de su compatriota Andrew Weibrecht, bronce en Vancouver 2010, y que hoy logró en Sochi la plata, y del noruego Kjetil Jansrud, que prolongó el éxito de Noruega en supergigante, prueba en la que los nórdicos se han hecho con el oro en las cuatro últimas citas olímpicas.

Si las lágrimas protagonizaron la medalla de Miller, la sonrisa acompañó el triunfo de la checa Eva Samkova en la prueba de cross de ‘snownoard’, donde la joven ‘rider’ dejó una de las imágenes de los Juegos con el falso bigotillo que lució con la competición.

“Es el bigote de la suerte”, explicó Samkova, que como ya es costumbre desde 2011, cuando lució por primera vez su ya famoso mostacho en los Mundiales disputados en la estación catalana de la Molina, hoy volvió a pintarse su falso bigote para su debut olímpico.

Pero el triunfo de la joven Samkova, de 20 años, no se debe sólo a su peculiar talismán, sino a una excepcional técnica y fortaleza física, que han permitido a la checa llegar a Sochi como la tercera clasificada en la Copa del Mundo.

Cualidades que Eva Samkova explotó hoy como nunca en una gran final, que la checa dominó con claridad de principio a fin, y en la que se impuso a la canadiense Dominique Maltais, la líder de la Copa del Mundo, que tuvo que conformarse con la plata, y a la francesa Chloe Trespeuch, bronce.

Igualmente incontestable fue el triunfo de Suecia en la prueba de relevos de 4×10 kilómetros de esquí de fondo, en la que el conjunto escandinavo se alzó con el oro con una ventaja de 27 segundos sobre Rusia, plata, y de 31 sobre Francia, que se colgó el bronce.

Este triunfo permite al equipo sueco revalidar el oro que conquistó hace cuatro años en Vancouver 2010 y convertirse en el país con más títulos olímpicos, seis, en esta especialidad del esquí de fondo.

Holanda mantiene su dominio en el patinaje de velocidad, en el que hoy sumó su decimosexta medalla -5 oros, 5 platas y 6 bronces- en el Adler Arena tras lograr un nuevo triplete, el tercero de los “naranjas” en Sochi, al copar el podio en la prueba de 1.500 metros.

Jorien Ter Mors, que compagina las pruebas de pista corta y larga, logró el oro, tras imponerse con nuevo récord olímpico incluido a sus compatriotas Ireen Wust, plata, y Lotte Van Beek, bronce.

Tampoco hubo sorpresas en el programa corto de la prueba de danza de patinaje artístico, en la que los estadounidenses Meryl Davis y Charlie White, vigentes subcampeones olímpicos, lideran la clasificación con una ventaja de 2.56 puntos sobre los canadienses Tessa Virtue y Scott Moir, oro hace cuatro años en Vancouver 2010.

Por su parte, los españoles Sara Hurtado y Adrià Díaz ocuparon la duodécima plaza, tras lograr una puntuación de 58,58 puntos, su mejor marca personal en un programa corto.

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