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Tradición y vanguardia en la Gala Flamenca de Nueva York

WUVN News
03/07/2014 2:29 AM
Actualizada: 03/07/2014 2:31 AM

Nueva York, 7 mar (EFE).- Como perfecta apertura para el Flamenco Festival de Nueva York y un menú degustación que recorre sin dejar cabos sueltos lo que ha sido, es y va a ser el género, la Gala Flamenca deslumbró esta noche en el New York City Center con Antonio Canales como padrino, y con Carlos Rodríguez, Karime Amaya y Jesús Carmona de estrellas solistas.

Un juego de claroscuros arrancó el espectáculo dirigido por Ángel Rojas y fue presentando a la compañía. El sonido, perfecto. La iluminación, magistral. Y entre luces y sombras emergió el baile y sonó el taconeo. El puzzle de “Cantes”, pieza a pieza, construyó el tablao que empieza a enloquecer a la platea.

El Flamenco Festival comienza su duodécimo año y ya es un viejo amigo de la Gran Manzana. No necesita presentación, pero aun así se presentó y avasalló por su sangre renovada, con las raíces bien hundidas en la tradición, pero entregando sus flores a todo aquél que quiera recibirlas.

La sabia nueva del madrileño Carlos Rodríguez con su apasionado soliloquio de taconeos maridados con ronde de jamba de su sólida formación clásica en “Soleá por bullirías” (Siento) encendió al público.

O la del catalán Jesús Carmona, uno de los bailaores más brillantes de su generación, que junto a Lucía Campillo estableció un hipnótico juego de turnos, simetrías y diálogos en”TrillA7 (paso a dos)”, un número de rabiosa contemporaneidad que enamoró irremisiblemente.

Pero la Gala Flamenca, preparaba el terreno para recibir con honores a su alma mater, Antonio Canales, que iluminó el escenario con los recursos del veterano: la teatralidad y la esencia flamenca. La rabia, el despecho, pero también la guasa y el descaro. Primero habla de “Modernidad” y luego se rinde al sentimiento colectivo, a los “Tangos de la chumbera”. 

Las voces corrieron a cargo de Antonio Campos, Ismael de la Rosa y Rocío Bazán, esta última presencia recurrente en este festival, pues también estará en la representación flamenca de “El Amor Brujo”, de Falla, y dará un recital en el Instituto Cervantes, y que se animó también a marcarse sus pasos en “Señora”.

Finalmente, la sangre de los Amaya, de la mismísima Carmen de “Los Tarantos”, resurgió con su sobrina-nieta, Karime Amaya, que con bata de cola y abanico se ajustó a los cánones de la bailaora en “Caracoles”, junto a Lucía Campillo y Carmen Coy y luego, ya en solitario, lució piernas y taconeo con una furia, la picardía y el arte que solo se macera en las grandes familias con la “Seguiriya”.

Con la peineta disparada y un despliegue de energía que sonaba al clímax de la representación, solo quedó tras ella el fin de fiesta, con toda la familia, no de sangre, sino de raza flamenca, sobre el escenario, incluyendo a las inefables guitarras de Paco Cruz y Daniel Jurado o el violín de Roman Gottwald.

Una vez más, el público en pie, y la certeza de que, si no fuera por su  proverbial itinerancia, el arte gitano encontraría en Nueva York un lugar en el que quedarse.