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Lahiri explora el choque cultural de los emigrantes indios en su nueva novela

WUVN News
03/09/2014 8:30 AM

Barcelona (España), 9 mar (EFE).- La escritora norteamericana de origen indio Jhumpa Lahiri, premio Pulitzer y que llegó a vender 700.000 ejemplares solo en EE.UU. de su anterior novela, “Tierra desacostumbrada”, sigue explorando la vida de los emigrantes indios y el choque cultural que sufren en su nueva novela, “La hondonada”.

En una entrevista concedida a Efe, Lahiri, que actualmente vive en Italia, ha explicado que en “La hondonada” (Salamandra/Amsterdam) quería describir la situación sociopolítica de la India poscolonial.

La nueva novela de Jhumpa Lahiri presenta una historia de amor y sigue a una saga familiar que arranca en la Calcuta de los años sesenta y llega hasta nuestros días.

Los protagonistas de “La hondonada” son los hermanos Subhash y Udayan, que viven en un humilde barrio de Calcuta cerca de una laguna seca que se inunda durante la temporada de lluvias.

Ambos se separan cuando Subhash se instala en el estado norteamericano de Rhode Island para ampliar sus estudios, y Udayan se acerca al movimiento maoísta naxalita que surgió en los años 60.

“Oí hablar de la represión al movimiento naxalita, y eso me llevó a investigar más sobre aquella época de la que apenas sabía nada, aunque añadiré que incluso de niña, cuando este movimiento estaba en su momento culminante, yo era consciente de que algo tremendo estaba ocurriendo en Calcuta, porque mis padres y sus amigos hablaban del tema”.

Lahiri se sintió “hechizada”, porque “aquel momento de violencia se produjo en un contexto familiar”, y recuerda que “era muy común durante la represión de los naxalitas obligar a la familia de un detenido a presenciar su ejecución, como técnica ejemplarizante”.

Para Lahiri, esta novela trata menos la cuestión de la identidad para centrarse más en la independencia de la India, aunque se sitúa en la época posterior, “con un país en estado de crecimiento y autorrealización, lo cual es una metáfora de muchos de los personajes, que están forjando su independencia de su país, de su familia”.

A pesar de que la historia que le contaron era de dos hermanos, los cuales se criaron en el mismo barrio de su padre y estuvieron involucrados en el movimiento naxalita, al comenzar a trabajar la novela pensó que “desde el punto de vista dramático tenía más interés que sólo uno de los hermanos estuviera involucrado”.

La novela se adentra además en un territorio físico, esa hondonada, “punto de intersección entre la tierra y el agua”, que Subhash no sólo ve en las afueras de Calcuta, sino también en Rhode Island.

Lahiri, que durante la escritura de la novela tuvo dos hijos, un niño y una niña separados por dos años, no puede evitar preguntarse qué relación tendrán entre ellos dentro de veinte años, si seguirán estando próximos o se distanciarán física y sentimentalmente.

Ya de adulta y después de crear su propia familia, la India, señala Lahiri, “sigue siendo un aspecto importantísimo del mundo de mis padres y de mi mundo, pero nunca he tenido una relación con la India como la que tienen mis padres, pues, aunque percibe aquella tierra como una fuente de tranquilidad, siento que no pertenezco a ella”.

La escritora norteamericana, que en su anterior novela, “El buen nombre”, hizo una descripción de la comunidad bengalí de Rhode Island a partir de su propia experiencia, en “La hondonada” “estos personajes podrían ser de cualquier parte, porque no se tienen más que el uno al otro, y en realidad ni siquiera eso”.

Lahiri confiesa que proviene de una gran tradición literaria con la que no está conectada, porque el lenguaje sigue siendo para mí un lenguaje oral, familiar y no literario.

Hasta hace muy poco tiempo leía a autores anglófonos o traducidos al inglés, como Nabokov, Virginia Woolf, Joyce, Flannery O’Connor, Chejov, Cheever, Willian Trevor, Tolstoi y también latinoamericanos como Gabriel García Márquez.

En “La hondonada”, la influencia más profunda proviene de las novelas de Thomas Hardy, hasta que hace dos años dejó de leer en inglés y ha estado leyendo sólo en italiano, lo que le ha abierto una puerta nueva, con autores como Moravia, Pavese o Natalia Ginzburg.

Ahora, viviendo en Italia, se siente más expuesta a una mayor variedad de autores, como Tabucchi, Berga o Leopardi.

“Lo interesante es que, cuando leo a Berga y busco el significado de nuevas palabras, no tengo forma de saber si esas palabras han dejado de usarse, y resulta interesante, porque a veces utilizo palabras que ya nadie usa, lo que demuestra que el lenguaje es un ente vivo, avanza”.

Lahiri se supera a sí misma e incluso ha comenzado a escribir en italiano: “Me interesa el profundo desafío de no estar segura al cien por cien en el lenguaje en el que escribo”, concluye.

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