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Juan Diego Flórez asegura que va a jugar un poco, a caminar “por el filo de la navaja”

WUVN News
03/17/2014 4:16 PM

Madrid, 17 mar (EFE).- Lleva 17 de sus 41 años cantando, y Juan Diego Flórez cree que ha llegado la hora de “jugar un poco”, de divertirse con las coloraturas y caminar de vez en cuando por el filo de la navaja y ello justo en la etapa en la que su voz está más anclada a la tierra, como demuestra en su nuevo trabajo, “L’amour”.

Hacía cuatro años que no publicaba disco y para su vuelta ha elegido el francés, arias de Massenet, Gounod y Donizetti junto a “exquisitas rarezas” de Adam y Boieldieu.

El francés, bromea en una entrevista con Efe, sería un “buen candidato al idioma del amor” porque suena “muy amoroso y estilizado”, igual que el español lo es “de la pasión”.

“El amor no es el hilo conductor sino el título de una de las arias -la de “Romeo y Julieta”, de Gounod-. Está lo belcantista, con Donizetti sobre todo, y también Boldieu, luego piezas más románticas y otras que suenan como una oración. Es una mezcla interesante de estilos y de trabajos conocidos y desconocidos”, detalla el tenor peruano.

El álbum, que sale hoy a la venta, está grabado con la Orquesta y Coro del Teatro Comunal de Bolonia (Italia), dirigida por Roberto Abbado, e incluye la emocionante “Pourquoi me reveiller”, de “Werther”, de Massenet, la chispeante “Au mont Ida, trois deesses”, de “La bella Helena”, de Offenbach, o la tierna “Ô nature pleine de grâce”, también de “Werther”.

Los “raros tesoros” son “Viens, gentille dame”, de “La dame blanche”, de Adrien Boieldieu, y “Mes amis, ècoutez l’histoire”, de “Le postillon de Lonjumeau”, de Adolphe Adam, en la que Flórez escala hasta el re sobreagudo, la nota más alta para un tenor, con el magisterio de quien domina su garganta y su cabeza.

“Es un trabajo más anclado a la tierra, menos virtuoso, menos exhibicionista pero no quiero dejar de ser exhibicionista porque quiero demostrarme a mí mismo que puedo hacer ese repertorio también”, dice.

Por eso, va a cantar en julio en La Scala “Le Comte Ory”, la obra más difícil de Rossini, “de mucho virtuosismo, con coloraturas, agudos y de todo”, se ríe.

“Quiero mantener un cierto repertorio muy difícil, muy agudo, pero adaptándolo a mi nuevo sonido y veo que puedo hacerlo porque acabo de cantar ‘La fille du regiment’ y me he sentido bien”, dice modesto sobre su éxito en el Royal Opera House con ese título de Donizetti.

Con la edad, el amor y los hijos, explica, “siempre hay un cambio vocal”, en el que el centro de la voz se “llena” y eso se traduce en un cambio de repertorio, que ahora es “más romántico, con la línea vocal más central; mucho más cómodo que antes, más inmediato, de forma que le llega más a la gente”.

Lo que le gustaría es poder seguir haciendo dentro de quince años “El barbero de Sevilla”, a la vez que “las óperas que vienen”, es decir, los títulos en los que ahora se va a concentrar, como “Romeo y Julieta”, “Werther”, “Los Hugonotes” y “Lucrezia Borgia”.

“He encontrado ese camino que va entre el estudio y divertirme con las coloraturas y pasármelo bien. Cantar Rossini es una especie de diversión tensa, en la que hay que estar muy concentrado, muy en el filo de la navaja. Es adrenalínico, divertido, y he encontrado la forma de cantarlo y estoy contento, porque le puedo aportar algo nuevo, un poco más de color”, revela.

Comienza, remacha, “una etapa de jugar un poco”, porque son 17 años de carrera, y quiere cantar, “al menos”, “otros quince o veinte”, “como los grandes”, es decir, Pavarotti, que estuvo 40 años en activo.

Le gustaría volver a interpretar en el Teatro Real una ópera -lo último que hizo fue en versión de concierto- y, de hecho, adelanta, está “en conversaciones” con el director artístico del coliseo, Joan Matabosch, del que es “amigo”, “para concretar el futuro”.

Está feliz con su vida y con lo que hace y hará -tiene contratos ya para 2019-, pero una de las cosas que más le ilusionan ahora es el recital que ofrecerá el 13 de mayo en Lima junto a la Orquesta Infantil Sinfonía por el Perú, un proyecto social que él promueve y que da oportunidad “a los más vulnerables de alejarse de la mala vida que les acecha”.

Flórez es padre de un niño de tres años y de una niña de meses, y está encantado con su primogénito porque, además de dirigirle “con un palito”, tiene muy buena memoria para las canciones y se sabe entera, presume mientras la tararea, “Volare”.

Por Concha Barrigós.