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Roncagliolo sostiene que “es excitante contar cosas que te pueden meter en líos”

WUVN News
03/18/2014 9:21 AM

Pekín, 18 mar (EFE).- El autor peruano Santiago Roncagliolo se encuentra estos días en Pekín para impartir varias conferencias y promocionar sus libros, un marco perfecto para reflexionar sobre las contradicciones políticas del mundo y sobre el reflejo de ello en sus oficios de escritor y periodista.

Entre charlas y escapadas a conciertos de rock “underground” chino, Roncagliolo (Lima, 1975), una de las plumas más destacadas de la literatura joven en castellano, muestra fascinación por la China que ha vislumbrado.

“Me impresiona mucho la relación con el extranjero de este país, que durante un siglo o más ha recelado del exterior y de repente se convierte en el país más poderoso del mundo, cosa que no puede ser sin relacionarse”, cuenta en una entrevista a Efe desde un céntrico hotel.

Japón aflora en la conversación, ya que él viajó a Tokio para ambientar allí una de sus novelas, “Tan cerca de la vida”, y ve que la relación que chinos y japoneses han tenido con Occidente ha sido distinta.

“Allí tuve la sensación de que, cuando Japón perdió la guerra, decidió que tenía que ser occidental, y de hecho Tokio lo es más que cualquier ciudad de Occidente: hipertecnológica, futurista, fría, capitalista”, recuerda.

Tras sus conversaciones con escritores, músicos, expatriados afincados en China, Roncagliolo sentencia que el gigante asiático “es un ejemplo de que las ideologías no están en su mejor momento”.

“Es el país más capitalista que he visto en mi vida, y está gobernado por un partido comunista”, destaca el escritor, quien en sus conferencias en Pekín ha disertado sobre cómo los grandes escritores latinoamericanos “clásicos” estuvieron muy ligados a ideologías que en los actuales se difuminaron.

“Yo escribo de política, pero soy de una generación de después de la Guerra Fría, no tengo una gran ideología”, destaca el escritor, también colaborador del periódico español El País.

El diario español lleva varias semanas bloqueado en China, después de haber publicado junto a otras cabeceras mundiales, un artículo denunciando la corrupción en las grandes familias chinas próximas al poder.

Sobre ello, asegura que “en el fondo ésa es la parte excitante de ser periodista, contar cosas que te pueden meter en líos”, aunque sobre la situación en China relativiza por los matices que ha escuchado en sus encuentros con la cultura de país.

“Conversando aquí con intelectuales que no son del Partido Comunista ni defensores del sistema, muchos me ellos me decían que aquí no hay las mismas libertades que en Occidente, pero que hay más de las que ha habido en China en toda su Historia”, subraya.

Roncagliolo saltó a la fama tras ganar el Premio Alfaguara 2006 por su novela “Abril Rojo”, ambientada en el conflicto que vivió Perú en los años del terrorismo maoísta de Sendero Luminoso, y la novela es la primera del escritor traducida al mandarín y lanzada al mercado chino.

En el país asiático, relata el autor, la obra es leída como una novela policiaca, sin que los lectores tengan demasiado en cuenta la supuesta conexión entre ese negro episodio de la historia de Perú y el comunismo chino.

“Lo cual es un alivio”, señala un Roncagliolo, que siempre trata las cuestiones delicadas con un barniz de ironía, “pues así puedo hablar de lo que quiera y nadie me sugiere que baje el tono”.

Tras su paso por China, continuará una particular “vuelta al mundo”, como él la define, en su Lima natal, donde participará en la Bienal Mario Vargas Llosa, y ya prepara la salida a las librerías de su próxima novela, “La pena máxima”, ambientada en el Mundial de Argentina 78 y la Operación Cóndor.

“Me fascina la imagen del Mundial y toda la propaganda de un país para ocultar el sótano sangriento de lo que estaba pasando”, destaca Roncagliolo, quien considera un buen momento rescatar esas historias, ahora que la máxima competición futbolística vuelve a Suramérica 36 años después.

Protagonistas de la obra son argentinos que entonces huyeron a países como Perú, pero se encontraron allí con una dictadura, que, aunque menos brutal, colaboró con las del Cono Sur -o miró hacia otro lado- para que esos activistas fueran secuestrados, repatriados y torturados.

Confiesa que la novela se inspira en las historias que contaba su padre, “militante de izquierda que recibió a muchos montoneros que salían de Argentina, Chile, Uruguay” y vio cómo algunos de estos amigos eran víctimas de estos hechos.

“Crecí con esas historias y siempre tuve una sensación amarga, primero por la persecución, y segundo por pensar que, si mi padre hubiera sido chileno o argentino, estaría ahora muerto. La dictadura peruana te sacaba de una patada, pero no te metía en un sótano, sino que te ponía una picana en los testículos o te tiraba de un avión”, concluye el escritor.