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Las 15.000 cartas de Radio Pirenaica dan voz a los vencidos en la guerra

WUVN News
03/20/2014 12:43 AM

Madrid, 19 mar (EFE).- En la larga dictadura franquista, Radio España Independiente, más conocida como la Pirenaica, recibió por escrito miles de estremecedores testimonios de los vencidos. Quince mil de aquellas cartas han sido analizadas ahora en un libro que constituye “un gran fresco del sufrimiento de los perdedores”.

“Es la gran queja colectiva de los represaliados del franquismo y no sólo desde el punto de vista del castigo jurídico o carcelario sino desde el de las humillaciones a que fueron sometidos”, dice a Efe Rosario Fontova, autora junto con su marido, Armand Balsebre, de “Las cartas de La Pirenaica. Memoria del antifranquismo”.

Publicado por Cátedra, el libro contiene una exhaustiva investigación sobre las casi 15.500 cartas que se conservan en el Archivo Histórico del Partido Comunista de España, enviadas por radioyentes a la citada emisora clandestina del PCE, que fue fundada en 1941 en Moscú “para combatir el fascismo en tiempos de guerra” y que en 1955 trasladó su sede a Bucarest, donde operó hasta el 77, señalan los autores.

En esas cartas hay “un testimonio inédito de la España del hambre, la miseria y la represión”, comenta Balsebre, catedrático de Comunicación Audiovisual y Publicidad de la Autónoma de Barcelona.

“En esos textos nos hemos encontrado con lo que pensaba la gente común, que son los grandes olvidados de la posguerra, los que no tenían ninguna manera de expresar lo que sentían más que escuchando aquella radio por la noche y debajo de una manta; seguramente, para que no les oyeran los vecinos”, añade Fontova, periodista especializada en temas culturales.

Los autores tropezaron “un poco por casualidad” con este “tesoro documental” cuando Fontova preparaba un libro sobre la historia de la cárcel Modelo de Barcelona y tuvo que consultar el archivo histórico del PCE. Las cartas eran “parcialmente conocidas”, pero su importancia “había sido minusvalorada”.

Sí se mencionan algunas de ellas en “un completo libro” de Luis Zaragoza sobre la historia de Radio Pirenaica, aclara Balsebre.

Para facilitar el trabajo de investigación, el matrimonio obtuvo permiso para fotografiar todas las cartas, que suman un total de 39.000 cuartillas. “Algunas tienen hasta 25 cuartillas y cuentan la historia de pueblos enteros”, afirma la autora.

“Solo un tres por ciento de las cartas resultó ilegible”, y eso que muchas están escritas con faltas de ortografía y con separación inadecuada de palabras.

Como ejemplo de esas incorrecciones, propias de una época en la que abundaba el semianalfabetismo, podría servir una carta de 1963, enviada por la Golondrina (muchas de ellas están firmadas con seudónimos) desde Valladolid y que comienza así:

“Cuando tenía 11 años, dejé de ‘Hir’ al colegio. No aprendí nada más que ‘la vecedario’ y un libro que se llamaba Catón. Hasta que ‘tube’ 21 años ‘estube’ trabajando en el campo. Ahora trabajo en una fábrica. ‘Llebo’ 20 años y cada ‘bez’ nos tratan peor. Los jefes dicen que al ‘Hobrero’ hay que tratarlo como al limón: sacarle el zumo y luego tirarlo”.

Este remitente decía en su texto que, si no había escrito antes a la Pirenaica, era por “el miedo, porque al que lo ‘cojen’ lo muelen ‘apalos’”.

Y es que el miedo late en un buen número de cartas, “porque era un acto ilegal escribirlas”, comenta Balsebre, especialista en periodismo radiofónico y en historia de este gran medio de comunicación.

El miedo llevaba también a algunos remitentes a “escribir con guantes” para que no pudieran identificar sus huellas, a hacerlo en papel de luto “para disimular” y a utilizar “tinta invisible”; es decir, el viejo truco de escribir con palillos mojados en limón. Luego, al aplicar una fuente de calor, se podía leer el texto.

Los autores cotejaron las quince mil cartas con los guiones de los diferentes programas de la Pirenaica (se conservan todos en el citado archivo) para ver cuántas de esas misivas se habían leído en la radio, aunque fuera parcialmente.

El libro, de 600 páginas y cuajado de testimonios impresionantes, contiene párrafos o frases de unas mil cartas. Más que suficiente para hacerse una idea de cómo era la vida de millones de españoles en la posguerra, de sus penurias económicas, de sus angustias y temores. Y de sus ganas de luchar para tratar de acabar con la dictadura.

“Queremos que este libro contribuya a deshacer la leyenda de que las cartas de Radio Pirenaica eran falsas”. Para salir de ese error basta con consultar este archivo epistolar y ver los sobres con sus matasellos, afirma el autor.

“Las cartas son ciertas. Algunas son de militantes del partido, pero la inmensa mayoría son de gente anónima que utilizaba el correo para contar sus vidas”, añade.

“De algunas cartas no hemos podido confirmar lo que se dice, pero de la mayoría sí lo hemos hecho, como en el tema de las fosas comunes y los asesinatos en los cementerios, sobre los que hay un aluvión de textos”, afirma Rosario Fontova, apasionada de la Historia.

Los datos sobre las fosas “se han confirmado cuando las asociaciones de Memoria Histórica han acudido a esos lugares y han comprobado que era cierto lo que decían los remitentes”, comenta.

Las huelgas de la minería asturiana de 1962 dispararon el número de cartas enviadas a la Pirenaica, hasta las 1824. Un año más tarde la cifra aumentó hasta las 4378, motivado por la detención, consejo de guerra y fusilamiento de Julián Grimau, “mito, héroe y mártir de la causa comunista”, escriben los autores.

Fue el número más elevado de toda la correspondencia recibida entre 1959 y 1977.

La muerte de Grimau indignó a los oyentes de la Pirenaica y los enfrentó “con el recuerdo de sus propios muertos en la guerra y en la primera posguerra. Fue el símbolo que les hizo recordar esa herida que tenían dentro del corazón y que no había cicatrizado”, subraya Balsebre.