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Los murales del artista uruguayo Torres García renacen de sus cenizas

WUVN News
03/23/2014 8:25 AM

Montevideo, 22 mar (EFE).- Un incendio ocurrido en Río de Janeiro (Brasil) en 1978 devoró siete murales del artista uruguayo Joaquín Torres García (1874-1949) que hoy, como en el mito del Ave Fénix, aspiran a renacer de sus cenizas gracias a la labor de unos esforzados restauradores.

Un grupo de artistas somete en estos días a una suerte de “cura de rehabilitación” a estas pinturas dañadas por el fuego que, además de los murales, comprendían más de 70 obras del pintor uruguayo, uno de los más destacados representantes de las vanguardias pictóricas en el Cono Sur americano.

El incendio en el que perecieron parte de sus obras fue catalogado como “la peor catástrofe artística y cultural ocurrida tras la Segunda Guerra Mundial”, según un libro editado por la Fundación Torres García en 1981 que recoge aquel suceso.

El proyecto emprendido ahora pretende “repintar los siete murales” dañados en el incendio, a pesar de que en los restos rescatados de las llamas “faltan muchísimos elementos del cuadro”, explicó hoy a Efe uno de los integrantes del equipo de restauración, el artista uruguayo Luis Balbuena.

Los murales procedían del hospital Gustavo Saint Bois, ubicado en la periferia de Montevideo, cuyas paredes decoró Torres García en 1944 junto a varios de sus discípulos.

Las obras fueron posteriormente desmontadas y pegadas en tela sobre bastidores para evitar el deterioro que suponía que estuviesen a la intemperie.

En 1975, los murales y una colección de pinturas viajaron a París para una exposición, pero “por diversos problemas” no pudieron ser devueltos luego a Montevideo, contó Balbuena.

Fue entonces cuando el Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro se ofreció a traer las obras de vuelta a América y organizar una nueva muestra, que tuvo como desafortunado desenlace el incendio de buena parte de las piezas.

Aunque las causas del fuego, en el que desaparecieron más de mil obras de autores como Van Gogh, Picasso, Dalí o Kandinsky, no se pudieron esclarecer, en su momento se apuntó a una deficiencia en las instalaciones del museo brasileño, que no contaban con los adecuados sistemas de prevención y extinción de incendios.

Tras el desastre, los restos de las obras regresaron a Uruguay y estuvieron confinados durante años en un almacén del Museo Nacional de Artes Visuales (MNAV) de Montevideo.

El proyecto de restauración de las obras fue presentado en varias ocasiones a concursos organizados por la Intendencia Municipal de Montevideo, de cara a obtener fondos para iniciar los trabajos.

En 2011, finalmente fue aprobada la iniciativa y los restos pudieron ser trasladados desde el MNAV hasta las instalaciones del Museo Torres García, donde se realizan hoy los trabajos de reparación.

El proceso comenzó con una investigación para averiguar cuáles fueron los materiales y soportes que se utilizaron en las obras originales, con el fin de recrearlos lo más fielmente posible.

Balbuena indicó que una de las principales dificultades fue “encontrar los mismos materiales” con los que se pintaron los murales hace 70 años, ya que en la actualidad “no es fácil conseguir aceite de linaza o algunos de los pigmentos”.

Para esta tarea han contado con la ayuda del fabricante de pinturas Luis Infantozzi, que trabaja para obtener una fórmula que recree además la pureza de los colores primarios utilizados por Torres García en sus creaciones, indicó él mismo a Efe.

Los restauradores comenzaron su labor con el mural “Pax in lucem”, del que puede verse una reproducción pintada sobre la fachada de un edificio frente al Museo Torres García, en la Ciudad Vieja de Montevideo.

Se prevé que el trabajo esté terminado el próximo 28 de julio, fecha en la que se cumplirán 140 años del nacimiento de Torres García.

Aunque nació en Montevideo, Torres García se formó y maduró como pintor en Barcelona (España).

Allí sorprendió por su rompedora concepción pictórica a grandes artistas de la época como Antoni Gaudí, que lo contrató para ayudarlo a realizar los vitrales de la Catedral de Palma Mallorca y de la todavía inconclusa “Sagrada Familia”.

En Barcelona realizó también unos trabajos para decorar el Palau de la Generalitat de Catalunya en Barcelona, y luego residió en ciudades como Florencia, Roma, Nueva York y París.

Hacia 1934, el pintor regresó a Uruguay y se convirtió en el impulsor de una nueva corriente artística basada en la geometría y el uso de los colores primarios, que bautizó como “Universalismo constructivo”.