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George W. Bush, un pintor novel que hace diplomacia

WUVN News
04/05/2014 4:51 AM

Dallas (EE.UU.), 5 abr (EFE).- El expresidente de Estados Unidos George W. Bush exhibe desde este sábado en su reluciente museo presidencial treinta retratos de líderes mundiales y vuelve así a la diplomacia al destacar a los mandatarios con los que más trató y congenió.

Blair, Merkel, Putin, Aznar, Uribe, Berlusconi y Al-Maliki son algunos de los elegidos, a quienes pintó a partir de fotografías e inspirado por los encuentros que mantuvieron entre 2001 y 2008.

“Dediqué mucho tiempo a la diplomacia personal y aprendí sobre sus familias, sobre lo que les gusta y les disgusta, hasta el punto de que me sentí cómodo pintándolos”, explicó el expresidente en un vídeo de bienvenida a la prensa, en la presentación de la exposición titulada “El Arte del Liderazgo”.

Bush hijo cuenta que ha pintado durante un año a “amigos y a no necesariamente amigos”, pero todos ellos mandatarios con los que compartió tiempo. “Para explicar qué sensaciones me producen, tengo que haberlos conocido bien”, justifica.

Presentada en su museo presidencial de Dallas, la exposición, que también incluye regalos de los líderes, fotografías, textos y citas históricas, es sin duda una reivindicación de las aptitudes diplomáticas de George W. Bush.

Él mismo se presentó en el vídeo como uno de los mejores mandatarios en “diplomacia personal”; su esposa, Laura Bush, elogió que recibiera a los líderes mundiales en casa, y Condoleezza Rice, jefa de la diplomacia durante el segundo mandato, cree que sabía cómo hacer sentirse cómodos hasta a los jefes de estado más difíciles.

Precisamente Bush, a quien se reprochó no pasar suficiente tiempo en la Casa Blanca, destaca como factor clave haber recibido a los mandatarios en su rancho de Texas, por donde paseaban en furgoneta ranchera o a pie, y en Camp David, la residencia de retiro de los presidentes.

Empezó a recibir clases de pintura hace unos dos años, considera que su obra todavía no está preparada para exponerse al completo, no se ve como “un gran artista” y bromea con que -tal vez- pesa todavía más su firma que su talento.

“Todavía tengo mucho que aprender”, admite Bush, que basa todos sus retratos en fotografías, recurre siempre al formato de busto y muestra una pincelada gruesa de colores densos.

Le surgió este apego a las artes después de leer el ensayo “Painting as a Pastime” (Pintar como pasatiempo), en la que el exprimer ministro británico Winston Churchill describía las sensaciones y la intimidad del pintor con la tela, el óleo y la realidad.

Bush pinta en camiseta, en casa, con un profesor, lo hace a diario y se lo ha tomado muy en serio, a juzgar por lo que cuenta su esposa.

La presidenta del centro dedicado a la figura de Bush, Margaret Spellings, se mostró impresionada por los avances artísticos que ha logrado en un par de años. “Llevo décadas trabajando con él y, cuando se compromete plenamente con algo, trabaja mucho en ello”, dijo en rueda de prensa Spellings.

Aunque los lienzos sigan la fórmula del retrato más convencional de un líder político, Bush asegura que las obras transmiten la huella que los mandatarios dejaron en él.

“Espero que capten el espíritu con el cual fueron pintados. Este era el espíritu de la amistad y de la admiración que siento por ellos como líderes”, dijo en una entrevista el expresidente a su hija Jenna Bush Hager, que es reportera en la cadena NBC.

Algunos líderes ya vieron sus retratos -por ejemplo, Angela Merkel- y otros van a verse por primera vez ahora, según los responsables de la exposición.

Bush dedica creaciones a expresidentes de habla española como el mexicano Felipe Calderón, el colombiano Álvaro Uribe y el español José María Aznar.

El pasaje de homenaje a Aznar está acompañado por un juego de figuras de ajedrez de madera que el político español le regaló y un ejemplar de su libro “Ocho años de gobierno: una visión personal de España”, con una dedicatoria para Bush.

Las palabras manuscritas demuestran que Aznar y Bush acabaron sus respectivos mandatos como aliados; con otros mandatarios retratados, como el ruso Vladimir Putin, la relación empeoró.

“Tuve una buena relación, se hizo más tensa a medida que pasaba el tiempo”, le contó a su hija ante el retrato de un Putin que mira seriamente al espectador para plasmar -dice el artista- esta relación controvertida.

“Vladimir es una persona que, en muchos campos, ve a los Estados Unidos como un enemigo”, justificó este pintor novel que también hace diplomacia.

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