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La India se prepara para un maratón electoral de nueve etapas en cinco semanas

WUVN News
04/06/2014 11:20 AM
Actualizada: 04/06/2014 11:50 AM

Nueva Delhi, 6 abr (EFE).- La India se prepara para iniciar mañana un maratón electoral que tendrá nueve etapas a lo largo de cinco semanas y en el que el nacionalista hindú Narendra Modi parte como favorito para tomar el mando en la mayor democracia del mundo.

El periplo comienza en Assam, en el noreste, finaliza el 12 de mayo en Bengala, en el este, y en su trayecto por cientos de miles de ciudades y pueblos lo jalonan los escollos logísticos que imponen la geografía, la falta de infraestructuras y el caudal de votantes.

Unos 814 millones de personas están llamadas a votar de manera sucesiva entre el punto de salida y el de llegada, de los que cien millones son jóvenes que se incorporan al censo y cuya participación puede determinar el desenlace, sobre todo en las zonas urbanas.

Según observadores locales, la mayoría de los nuevos electores depositarán su confianza en el hindú Bharatiya Janata Party (BJP) de Modi, que ha aprovechado el descrédito del gobernante Partido del Congreso, de la familia Gandhi, para ganarse a la clase media.

“La votación de los jóvenes será decisiva, principalmente en las ciudades. Están más involucrados que nunca y muchos de ellos es la primera vez que votan. Creo que lo harán por Modi”, declaró a Efe Tarún Basu, analista de la Sociedad de Estudios Políticos.

El especialista opinó que “la clase media votará de manera masiva en las ciudades”, a diferencia de elecciones precedentes, en las que la mayor participación en las zonas rurales que en las urbanas cimentó la idea de que “La India es una democracia de pobres”.

“La clase media siempre es más cínica, y no cree que el voto pueda cambiar la realidad, pero ahora es diferente”, afirmó.

Basu contrapuso la imagen de triunfador de Modi, que aspira a la jefatura de gobierno después de una carrera de hombre hecho a si mismo, con la que proyecta la formación populista de los Gandhi, acosada por escándalos de corrupción y acusaciones de ineficaz.

“Pero el Congreso no ha dicho su última palabra”, matizó el experto, en alusión a la puesta en marcha de la pesada maquinaria electoral de ese partido, tradicionalmente lenta pero bien engrasada por décadas ininterrumpidas de desempeño del poder.

La formación de los Gandhi es la única con implantación en todo el territorio indio y pese a la desvaida estampa de Rahul -heredero de la dinastía y a quien sus rivales tildan de débil de carácter-, siempre saca mejores resultados que los previstos por las encuestas.

Tanto Modi como Gandhi necesitarán buscar el apoyo de las formaciones regionalistas para poder formar coalición de Gobierno, debido a la fragmentación partidista que desde hace dos décadas se registra en el Parlamento, compuesto por 552 escaños.

Y en esa búsqueda Gandhi tiene ventaja sobre Modi, cuya presunta implicación en la matanza de un millar de musulmanes en 2002 en el estado occidental de Gujarat, donde es jefe del Gobierno regional, le priva del respaldo de minorías religiosas y zonas periféricas.

El reto que le espera a cualquiera de los dos es proporcional, en todo caso, a las dimensiones humanas y físicas del gigante asiático.

Un 40 % de la población denuncia que ha sufrido las prácticas corruptas que gangrenan todos los niveles de la administración pública y que, según estimaciones de economistas, restan al Productor Interno Bruto (PIB) hasta 1,5 puntos anuales.

El ascenso de la India como potencia emergente se ha visto frenado por los efectos colaterales de la crisis internacional, que han disminuido la inversión extranjera y han reducido a la mitad un índice de crecimiento que hace un lustro rozaba los dos dígitos.

Junto a la tensión con el vecino Pakistán, dotado también de armas nucleares, la actividad armada de una guerrilla maoísta poco conocida en el exterior pero que opera en un tercio de los distritos administrativos es una asignatura pendiente en materia de seguridad.

A ese cúmulo de desafíos se suman carencias endémicas en servicios básicos como la luz y el agua potable, a las que no tienen acceso directo al menos 400 millones de los 1.200 millones de habitantes de un país que, tras China, es el más poblado del globo.