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Ruanda culpa a la colonización europea del odio étnico que llevó al genocidio

WUVN News
04/07/2014 3:48 AM
Actualizada: 04/07/2014 12:50 PM

Nairobi, 7 abr (EFE).- El presidente de Ruanda, Paul Kagame, culpó hoy a la colonización europea del odio étnico que desencadenó el episodio más trágico de la Historia de este pequeño país africano: el exterminio de 800.000 personas por motivos étnicos, un genocidio del que se cumplen veinte años.

La matanza de tutsis y hutus moderados a manos de hutus extremistas comenzó el 7 de abril de 1994 y acabó cien días después con un saldo de víctimas mortales equivalente entonces al 30 por ciento de la población ruandesa.

El origen de esta barbarie, según Kagame, se remonta a la colonización de franceses y belgas y a la misión de la Iglesia Católica que los acompañó y que instauraron -a su juicio- una organización política responsable del odio étnico que culminó en el genocidio.

“El legado más devastador del control europeo en Ruanda fue la transformación de las distinciones sociales. Fuimos clasificados de acuerdo a un marco inventado en otro lugar”, acusó ante miles de ciudadanos y líderes internacionales en el acto de conmemoración del vigésimo aniversario del genocidio, celebrado en el Amahoro Stadium de Kigali y retransmitido por una web oficial ruandesa.

“Los hechos son testarudos”, y “ningún país es tan poderoso como para cambiarlos, aunque crea que lo es”, dijo el presidente en referencia a Francia, que canceló a última hora su participación en los actos después de que Kagame la acusara de haber tenido “un papel directo en la preparación del genocidio”.

Su discurso, pronunciado en un recinto que dio refugio a 12.000 personas durante la matanza de 1994, fue refrendado por el presidente de Uganda, Yoweri Museveni, quien aseguró que tutsis y hutus tenían una relación “simbiótica” antes de la colonización.

“Ruanda fue una de sus víctimas”, los europeos solo trajeron “matanzas, saqueos y enfermedades”, dijo el presidente de Uganda, que en febrero pasado modificó su legislación para poder condenar a cadena perpetua a los homosexuales y prohibir las minifaldas.

No obstante, por encima de acusaciones y reproches, primó la emoción y el recuerdo de las víctimas, los deseos de paz y las lecciones aprendidas, sentimientos que todos resumieron en dos palabras: “nunca más”.

“Cuando veáis a gente en riesgo y víctimas de atrocidades, no esperéis instrucciones de lejos”, advirtió a sus enviados el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, consciente del fracaso de esta organización durante el genocidio.

“Muchos miembros de la ONU mostraron un coraje sobresaliente, pero podríamos haber hecho mucho más. Deberíamos haber hecho mucho más”, admitió Ban.

La presidenta de la comisión de la Unión Africana, Kkosazana Dlamini Zuma, señaló el camino para evitar una tragedia similar tomando la diversidad como “fuerza” principal del continente y no como motivo de exclusión.

En el multitudinario acto también estuvieron presentes, entre otros líderes internacionales, el presidente de Kenia, Uhuru Kennyatta; el exprimer ministro británico Tony Blair o el expresidente sudafricano Thabo Mbeki, aparte de ministros que acudieron en representación de numerosos países.

Los actos del día comenzaron a primera hora de la mañana con el encendido de la Llama del Duelo Nacional en el Centro de Conmemoración del Genocidio de Kigali, un fuego que permanecerá encendido durante los próximos cien días, los mismos que duró la masacre.

Para encenderla se utilizó otro fuego simbólico, la “llama del recuerdo”, una antorcha que hoy culminó un recorrido “de paz” iniciado el pasado 7 de enero y que ha sido llevada a través de una treintena de poblaciones transportando un mensaje de cohesión.

A media tarde, después del homenaje oficial celebrado en el estadio, una marcha ciudadana partió de la sede del Parlamento ruandés con destino a ese mismo recinto deportivo para celebrar una vigilia con canciones y proyecciones sobre uno de los episodios más sobrecogedores de la Historia.

El conflicto estalló el 6 de abril con el asesinato del presidente ruandés de la etnia hutu Juvenal Habyarimana, aunque existían indicios claros de la situación que se estaba gestando desde meses antes.

Al día siguiente, diez “cascos azules” belgas que protegían a la primera ministra ruandesa Agathe Uwilingiyimana fueron asesinados junto con la dirigente, lo que llevó a Bruselas a ordenar la retirada de su contingente.

La matanza que siguió terminaría con la vida de unas 800.000 personas en poco más de tres meses, muchas de ellas asesinadas a machetazos por milicias civiles.