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La Casa Museo de García Márquez, herencia turística en su natal Aracataca

WUVN News
04/22/2014 5:52 AM
Actualizada: 04/22/2014 6:11 AM

Aracataca (Colombia), 22 abr (EFE).- La reconstruida casa de los abuelos maternos del nobel colombiano Gabriel García Márquez, convertida en Casa Museo, es hoy un lugar de visita de los amantes de su obra y punto turístico por excelencia de Aracataca, su pueblo natal y cuna del mítico Macondo.

Ubicada en la carrera 5 de Aracataca, un pequeño pueblo de unos 38.000 habitantes en la zona bananera colombiana, la Casa Museo fue abierta en 2010 después de una prolongada obra de reconstrucción que recuperó el espacio en el que el pequeño Gabito, como le decían afectuosamente, vivió hasta los ocho años de edad.

La casa, de una planta, tiene hoy catorce ambientes, a través de los cuales el visitante puede recrear los primeros años de vida del escritor en el mismo lugar que inspiró su obra en la tórrida Aracataca.

La vivienda original, construida a comienzos del siglo pasado en madera, fue demolida hace 44 años y en su lugar se levantó otra que desfiguró su estilo caribeño, pero en 2006 el Ministerio de Cultura inició una amplia reforma para devolverle el estado que tenía en 1927, cuando nació Gabriel García Márquez.

En este recinto reconstruido con detalle luego de décadas de abandono es posible encontrar la habitación oficina donde el coronel Nicolás Márquez, padre de Luisa Santiaga Márquez Iguarán y abuelo de Gabo, se ocupaba de los negocios.

También está espléndidamente reconstruida la habitación que el nobel utilizó de niño, con una esmerada reproducción de la cuna que lo arrulló en sus primeros años, esos tan importantes cuando su abuelo Nicolás le contaba historias de la Guerra de los Mil Días, de la que era veterano, y que luego el escritor plasmaría en su obra.

La casa, a la que se puede acceder por el Corredor de las begonias hasta llegar a los patios llenos de jardines y árboles frondosos, actualmente cuenta también con un moderno auditorio, que este año albergó un homenaje a Gabo como parte del Hay Festival de Cartagena de Indias.

Por los pasillos de la casa se pueden recorrer también la sala de visitas, el taller de platería donde el abuelo hacía trabajos de orfebrería y en especial sus pescaditos de oro, el cuarto de hospital y el comedor que tiene la vajilla puesta.

Igualmente, están la sala de recibo, el cuarto de Sara Emilia, hija del tío Juan de Dios Márquez, también criada por los abuelos; el cuarto de los trastos, la cocina, el cuarto de los guajiros, destinado al servicio doméstico, y el patio.

Las paredes están decoradas con frases de la obras de García Márquez, como aquella de la segunda página del primer tomo de sus memorias “Vivir para contarla” (2002), que comienza con su regreso en compañía de su madre, Luisa Santiaga, a Aracataca en marzo 1952 para vender la casa de los abuelos.

“No tuvo que decirme cuál, ni dónde, porque para nosotros solo existía una en el mundo: la vieja casa de los abuelos en Aracataca, donde tuve la suerte de nacer y donde no volví a vivir después de los ocho años”, es una de esas frases que revela el profundo significado que la antigua vivienda familiar tuvo en el universo literario del escritor.

Cuando García Márquez escribió su obra cumbre, pensó en llamarla justamente “La casa”, pero luego se decidió por “Cien años de soledad” para narrar la saga de los Buendía en Macondo y cubrirse de gloria con ese mundo mágico.

En 1985, tres años después de que el escritor recibiera el Nobel de Literatura, el departamento del Magdalena, al que pertenece Aracataca, adquirió la casa que estaba en manos de otra familia del pueblo, y en 1996 fue declarada monumento nacional.

En la reconstrucción participó el propio García Márquez, que hizo varias observaciones al proyecto y aprobó los nombres de cada ambiente, todo con el propósito de rescatar el contexto de la vida cotidiana del escritor.

Según el Ministerio de Cultura, el mobiliario fue adquirido en anticuarios de Santa Marta, la capital del Magdalena, y en Bogotá, cuidando siempre que respondiera “a la época, usos, gustos y marcas que circularon en el Caribe colombiano desde finales del siglo XIX hasta la década de 1930″.

Esta casa, que no fue solo la cuna física del nobel colombiano sino también fuente de inspiración del genio literario, es hoy el patrimonio más valioso con que cuentan sus paisanos de Aracataca, que esperan que la conmoción mundial causada por su fallecimiento aumente el interés turístico por el pueblo que lo vio nacer.