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Andrés Marín baila flamenco con Bartabas, sus caballos y el Renacimiento

WUVN News
04/27/2014 6:50 AM

París 27 abr (EFE).- El flamenco de Andrés Marín, el arte ecuestre de Bartabas y la música sagrada del Renacimiento se dan cita en “Golgota”, un espectáculo que celebra el público del Teatro del Rond-Point de París, donde podrá verse hasta el 11 de mayo.

En una entrevista con Efe tras una aplaudida representación, el coreógrafo y bailarín sevillano comparte “el honor” que es para él, viniendo del flamenco, “poder dialogar con cuatro caballos, con Bartabas y con la música de Tomás Luis de Victoria” (1548-1611).

El autor de obras como “Tuétano”y “La pasión según se mire” no oculta su satisfacción por la magia casi mística que ofrece junto a Bartabas. Tampoco su admiración por el fundador del Teatro ecuestre Zingaro y la Academia del Espectáculo Ecuestre de Versalles.

Es un director “excelente, de una dimensión y una magnitud enorme”, afirma Marín, encantado de participar en una obra que se quiere despojada de los clichés contra los que lucha desde su juventud y con la que viajará de gira por Fracia e Italia hasta el próximo abril.

“Ardiente como el fuego” según le define Ariane Bavelier en “Le Figaro”, este artista que ha trabajado con los más grandes cantaores y bailaores, capaz de “ejecutar un palo de flamenco de diversas formas y maneras y colocarlo en diferentes temáticas y motivos”, se dice interesado por todas las artes y “todas las manifestaciones a partir del hombre”.

Oficialmente, “Golgota”, cuyo título de inevitable referencia al Calvario de Cristo alberga elementos tan propios de la Semana Santa como la crucifixión, los capirotes de nazareno, las campanas, el incienso y algunas velas, no explora un tema concreto.

Lo quiso así Bartabas, y Marín comparte su gusto por la abstracción, para que el espectador “deje volar la imaginación y disfrute de la creatividad y la sensibilidad del momento”.

Es un espectáculo muy desnudo, “por eso es muy complicado de hacer”, resalta el bailaor, que actúa casi siempre descalzo, con el torso descubierto, como Bartabas en sus apariciones a lomos de Horizonte, Le Tintoret, Soutine, Zurbarán y el asno Lautrec.

“La idea es evaporar el baile”, suprimir “todo tipo de efecto”, “quedar en la fineza absoluta, en la conexión de lo más orgánico, lo más espiritual”, explica Marín, que logra ejecutar su arte sobre un suelo granulado de antracita.

“La idea -dice a Efe Bartabas- era bailar el baile del silencio”, para que se vea el ritmo sin oirlo.

Durante una hora y 15 minutos, el público participa de lleno en la tarea con un envolvente mutismo ante la escena oscura, salpicada con el esporádico toque rojo de un pañuelo de seda o el blanco de los cuellos cervantinos que portan los músicos, y a veces Bartabas y también Marín.

El tablero de sus “Asimetrías” y un oscuro trono de madera colocado a la derecha de la gran escalera central de tijera, que junto con las luces conforman buena parte del decorado, le permiten al bailarín sacar su zapateado más flamenco.

Creyente en “el poder de adentrarte dentro de tu reconocimiento y de tu cuerpo, de tu forma y de tus músculos”, hasta conectar “con un más allá, con una fuerza”, a Marín le interesan por eso “Golgota” y la “maravillosa música” que le acompaña.

“Para mí, al final -asegura- todo termina o empieza en una energía”, y por encima de los códigos del flamenco y los estereotipos están el mensaje y el lenguaje del hombre, del ser humano, que es mucho más antiguo, “y eso unifica todas las culturas y todas las manifestaciones y todas las emociones”.

Al final “todo es uno”, desde la pintura, la escultura, la arquitectura, y todo tipo de música, la poesía, el cine, la naturaleza, los animales, y por supuesto el flamenco, concluye.