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La madre de Bachelet se reencuentra con el carcelero que la ayudó durante la dictadura

WUVN News
04/29/2014 9:01 PM

Santiago de Chile, 29 abr (EFE).- Angela Jeria, madre de la presidenta de Chile, Michelle Bachelet, se reencontró hoy con el carcelero que le “devolvió la vida” mientras se encontraba detenida en los lúgubres y fríos subterráneos de la Policía Civil durante la dictadura militar (1973-1990).

Según informó el vespertino La Segunda, Jeria, de 87 años, lo buscó por casi cuatro décadas para darle las gracias y sólo hoy pudo concretar ese anhelo y reencontrarse con quien, antes de ser expulsada de Chile en 1975, le brindó un gesto de humanidad cuando estuvo detenida bajo el régimen militar de Augusto Pinochet.

El “emotivo encuentro” se produjo en el Cuartel Central de la Policía de Investigaciones (PDI), que se prolongó después en un almuerzo, hasta donde llegó Jeria junto al exsubsecretario de Investigaciones Ricardo Navarrete, a quien hace ocho meses le pidió ayuda para buscar al hombre que la auxilió en 1975.

La misión fue encargada a un detective que, tras revisar documentos y buscar testimonios, logró dar con el hombre, quien actualmente es un funcionario retirado de la Policía.

Frente al director general de la PDI, Marcos Vásquez, la madre de Bachelet abrazó afectuosamente a Hindorfo Burgos, quien en esa época tenía 22 años y era asistente policial de Investigaciones.

Relata el vespertino que ambos se emocionaron y conversaron después de 39 años y que Angela Jeria recordó cómo su excarcelero le tendió su mano humanitaria, ofreciéndole alimentación y un lugar más digno para permanecer.

La cita, que les sirvió para conocerse y reconocerse, estuvo marcada por la nostalgia y el recuerdo, especialmente, porque fue ese mismo edificio el escenario del inolvidable gesto que marcó a la madre de la actual mandataria, poco antes de ser expulsada del país.

Recuerda La Segunda que en una entrevista al diario El Observador, Jeria relató su dolorosa experiencia de detención y tortura en Villa Grimaldi y Cuatro Alamos, junto a su hija Michelle, y en ella destacó la ayuda de este carcelero, un hecho hasta ahora poco conocido.

En este sentido, indicó que antes de ser desterrada a Australia gracias a gestiones internacionales, la trasladaron a los fríos subterráneos del Cuartel Central de la PDI “donde estaban detenidas, tras las redadas de la noche: prostitutas, alcohólicos, algunos criminales o ladrones”, recordó.

“De repente pasa uno de los gendarmes (policías), me mira a mí y al resto y dice ‘¿Usted qué hace aquí?’”, relató Jeria. “No sé, me trajeron”, contestó.

“‘Venga, usted no puede estar aquí’. Me llevó con él y supe que era un policía de Investigaciones. Me preguntó, le dije quién era y respondió que vería lo que podía hacer”, agregó.

“¿Almorzó?”, dijo el policía. “No, le contesté, no he comido nada desde ayer”, respondió ella.

Jeria relata que le dejó en su oficina, que tenía un escritorio y una especie de división que era una sábana que había puesto para dividir la pieza.

“Volvió con un pedazo de pollo con unas papas, fue la comida más rica que había comido en mucho tiempo”, recordó la madre de la presidenta de Chile, de profesión arqueóloga.

“Poco después me dijo: Averigüé y a usted la expulsan mañana del país. La mandan a Australia. Pero yo no la puedo dejar abajo”, añadió Jeria, al explicar que el carcelero le señaló que tenía un colchón para dormir y le ofreció que ella durmiera hacia la cabecera mientras él lo hacía hacia los pies.

“Acepté y me desperté a la mañana siguiente con las puntas de sus botas en mi nariz. Nunca he sabido quién fue y hace dos años me encontré con un exsubsecretario de Investigaciones y le dije que quería conocer a esa persona y darle las gracias, que nunca van a ser suficientes, porque él me devolvió la vida”, concluyó.