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Las milicias armadas vuelven a marcar el ritmo de la política libia

WUVN News
04/29/2014 8:17 AM
Actualizada: 04/29/2014 4:02 PM

Trípoli, 29 abr (EFE).- Un tiroteo en la entrada principal del Parlamento entre milicianos y miembros de los cuerpos de seguridad de la Asamblea Legislativa volvió a marcar hoy el ritmo de la política libia, obligando a los diputados a suspender precipitadamente la elección del nuevo primer ministro.

En la sesión matutina se procedió a una primera votación en la que Ahmad Matiq, un economista formado en el Reino Unido y aspirante del grupo independiente, y Omar al Hasi, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad libia de Bengasi respaldado por el bloque islamista Al Wafa, fueron los más apoyados.

Los diputados fueron convocados a una sesión vespertina para que eligieran entre uno de los dos aspirantes, que necesitan el apoyo de al menos 120 de los 200 legisladores para acceder al cargo.

Sin embargo, en medio de las discusiones previas a la votación, un grupo de hombres armados intentó sin éxito irrumpir en el Parlamento, lo que desembocó en un enfrentamiento con armas ligeras entre los milicianos y los vigilantes del Congreso Nacional.

Sorprendidos por el tiroteo, los diputados decidieron suspender la sesión y convocar una nueva reunión para el próximo lunes, antes de abandonar la sede parlamentaria entre fuego cruzado.

Algunos parlamentarios indicaron a Efe que los asaltantes eran milicianos que reclamaban el pago de sus salarios.

Sin embargo, otros y entre ellos el portavoz del Parlamento, Omar Hamidan, acusaron a Mohamed Bukar, uno de los cinco candidatos descartados en la primera votación, de estar detrás del ataque.

Bukar, aspirante por el principal partido político del Parlamento, la Alianza Fuerza Nacional, se quedó fuera de la segunda vuelta por dos votos.

Hamidan, quien aseguró que no había heridos entre los congresistas, pero sí entre los milicianos y los agentes de seguridad, advirtió de que también había milicias simpatizantes de Al Hasi en las cercanías del Congreso Nacional esperando conocer el resultado de la segunda vuelta.

Según una fuente de seguridad de Trípoli, no existe un plan especial para proteger el Parlamento, que solo cuenta con su cuerpo de seguridad.

La misma fuente señaló que tampoco se tomó ninguna medida cuando milicianos armados comenzaron a apostarse en las cercanías de la sede parlamentaria.

Este incidente se suma a la cadena de presiones y agresiones ejercidas por las milicias surgidas durante el levantamiento popular armado que en 2011 acabó con la dictadura de Muamar el Gadafi, que intentan en muchas ocasiones imponer su voluntad por la fuerza.

“Siempre que hay alguna discusión nacional, individuos o grupos armados intentan cambiar las decisiones por la fuerza o presionando a los diputados para imponer sus deseos”, dijo a Efe el parlamentario Husein al Ansari.

En abril de 2013, cientos de milicianos llegados de distintas partes del país asediaron durante varios días los ministerios de Exteriores, Justicia y Finanzas para obligar a los diputados a aprobar la conocida como “Ley de Aislamiento Político”, que fue finalmente adoptada el 8 de mayo y que estipula la inhabilitación de los antiguos responsables del régimen de Gadafi.

La promulgación de esta ley fue inmediatamente seguida de la dimisión del entonces presidente del Parlamento, Mohamed al Magrif, quien el día que oficializó su renuncia, el 28 de mayo de ese año, ya acusó a “algunos parlamentarios”, a los que no nombró, de “alentar a las milicias de sus zonas para presionar a sus compañeros para la consecución de sus objetivos”.

Más recientemente, el primer ministro interino Abdala al Zani, que dimitió el pasado día 13 tras sufrir un ataque armado del que salió ileso, aseguró que había decidido presentar su renuncia para evitar que los libios se enfrentaran entre sí.

El primer ministro había sido designado al frente del Gobierno tras la destitución de Ali Zidán, caído en desgracia el 11 de marzo después de que prosperara una moción de censura contra su mala gestión de los asuntos de seguridad y, en concreto, de la crisis del petróleo.

Dicha crisis, íntimamente relacionada con las milicias, estalló el pasado verano en el este de Libia, cuando milicianos federalistas se hicieron con el control de media docena de puertos petroleros y forzaron la suspensión de las exportaciones.

Aunque a principio de mes Gobierno y rebeldes acordaron la reapertura progresiva de las instalaciones, la producción del país, situada en torno a 1.500.000 barriles diarios, sigue estancada en los 210.000 barriles al día.

Zidán se convirtió en otra víctima de la incapacidad del Ejecutivo de imponer su autoridad ante las milicias, en un país donde los cuerpos de seguridad adolecen de una debilidad manifiesta y el sistema judicial no cuenta con los medios suficientes para llevar a cabo sus funciones.