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Espectáculos

Cinco horas de alta tensión para ascender al olimpo culinario del Bocuse d’Or

WUVN News
05/07/2014 11:53 AM
Actualizada: 05/07/2014 10:51 AM

Estocolmo, 7 may (EFE).- Mesas llenas de cronómetros, válvulas de ollas exprés girando tan rápido como las mentes de los cocineros, dedos temblorosos por los nervios que cortan a toda velocidad. Ganar las olimpiadas de la gastronomía, el Bocuse d’Or, implica convencer al jurado tras cinco horas y media de alta tensión.

Hoy se ha celebrado en Estocolmo la primera jornada de la fase clasificatoria europea, en la que han participado España, Alemania, Turquía, Francia, Italia, Estonia, Noruega, Dinamarca, Holanda y Bulgaria. Mañana lo harán Finlandia, Reino Unido, Suiza, Hungría, Austria, Islandia, Suecia, Luxemburgo, Bélgica y Rusia.

También mañana, el jurado, presidido por el chef sueco Mathias Dahlgren y que cuenta con la española Elena Arzak como presidenta del jurado internacional, dará a conocer qué doce países pasan a la final que se celebrará en enero de 2015 en Lyon (Francia).

Los equipos empiezan a cocinar en sus sets de forma escalonada, con diez minutos de diferencia, desde las 8:30 horas. Así, luego los platos se pueden presentar al jurado uno a uno, con tiempo suficiente entre ellos.

Detrás de ese momento, hay muchos meses de preparación -lo normal son seis, aunque no todos los presupuestos se lo pueden permitir- que culminan en cinco horas y 35 minutos, un tiempo tras el que todos los cocineros suspiran aliviados. Aún queda limpiar las cocinas, pero eso es lo de menos.

“Son más de cinco horas de presión brutal concentrada en una sola cosa: cocinar. Eso te revienta las neuronas”, explica hoy a Efe el chef español Juan Andrés Morilla, que participó en el concurso culinario más prestigioso del plantea.

De hecho, los entrenadores -también cocineros- recomiendan a sus pupilos comer alguna fruta durante la prueba y ejercen también como psicólogos, apoyándolos en los momentos de “bajón” físico y mental. “Es agotador”, comenta a Efe uno de estos entrenadores entre fuegos a máxima potencia, trituradoras rugiendo y hábiles manos abriendo ostras.

No es de extrañar que se comentan algunos tropiezos en técnicas y pasos ensayados día tras día, hasta dar con lo que se considera el plato perfecto. Como el que sufrió el chef francés Nicolas Davouze, al que le ardió una preparación en una sartén o el del turco Gürcan Gülmez, a quien se le chamuscó ligeramente una de las guarniciones de la carne.

Algunos incluso se quedan fuera de tiempo, pese a que los cronómetros son omnipresentes en este concurso. Bulgaria tuvo que pedir hoy dos minutos extra de tiempo para poder finalizar el emplatado de su segunda preparación.

Desde sus cocinas, abiertas a una grada, los concursantes apenas son consciente del público que acude a apoyarlos, agitando banderas de sus respectivos países, gritando y jaleando sin parar. Por celebrarse en Suecia, son mayoritarias las delegaciones nórdicas, especialmente la de Noruega, aunque también se han hecho notar las de España e Italia.

El Bocuse d’Or fue creado por el prestigioso chef galo Paul Bocuse, uno de los padres de la “nouvelle cuisine” francesa, en 1987 y desde entonces se celebra de forma bienal. Francia es el país que más veces ha ganado el oro, con un total de siete, seguida de Noruega, con cuatro.

Los países nórdicos figuran siempre entre los favoritos de un concurso en cuyas preparaciones no se ve nitrógeno líquido, sino bastante clasicismo, aunque la estética haya evolucionado desde la primera edición, haciéndose más contemporánea, aunque no por ello menos barroca en ciertas ocasiones.

Uno de los nombres que más suenan como vencedor de la final de 2015 es el sueco Tommy Myllimaki, que ya consiguió el Bocuse de plata en 2011. Se espera que siga los pasos del danés Rasmod Kofoed, que se hizo con el oro en 2011 tras ganar el bronce en 2005 y la plata en 2007. Aunque, como en toda competición, no son más que quinielas.

Y un espectador de esta fase clasificatoria europea no puede sacar conclusiones ni por las caras del jurado ni por lo que dejan en el plato, que es la mayor parte de la comida.