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Miles de filipinos siguen sin hogar seguro 6 meses después del tifón Haiyan

WUVN News
05/08/2014 6:36 AM
Actualizada: 05/08/2014 4:50 AM

Tacloban (Filipinas), 8 may (EFE).- Cientos de familias aún viven bajo puentes o en frágiles viviendas sobre el mar que se tragó a sus seres queridos y se encuentran entre los miles de filipinos que siguen sin hallar un hogar seguro cuando hoy se cumplen seis meses del paso del tifón Haiyan.

La catástrofe mató a cerca de 6.300 personas, más de 1.000 están desaparecidas y afectó a más de 16 millones, de las que al menos cuatro millones se vieron desplazadas.

Según la ONU, 130.000 supervivientes todavía residían en tiendas de campaña en abril y unos 5,2 millones buscaba trabajo.

El coordinador de la ayuda humanitaria de Naciones Unidas en Filipinas, Klaus Beck, señaló en este aniversario que se pueden apreciar signos de recuperación en la zona afectada, pero agregó que el progreso aún es frágil.

Beck solicitó nuevos fondos para financiar programas críticos en los próximos seis meses, porque muchos de los que perdieron sus casas han empezado a reconstruirlas y necesitan ayuda.

Es el caso de los Libutan, un matrimonio y sus ocho hijos que buscaron cobijo en un espacio minúsculo, de unos cuatro metros cuadrados, debajo de un puente de la ciudad de Tacloban, en el este de Filipinas.

La familia vivía a la orilla de un río en una humilde construcción de madera y hojalata que quedó reducida a escombros cuando Haiyan llegó a las costas del archipiélago filipino con vientos de hasta 315 kilómetros por hora el pasado 8 de noviembre.

Tras la devastación, y mientras esperan que se les adjudique una de las más de 12.000 viviendas prometidas para los afectados que tardarán unos tres años en construirse, Luisa y Alfredo Libutan se han visto forzados a trasladar su hogar al otro lado del río, debajo del puente que está a escasos metros de lo que fue su casa durante décadas.

“Tenemos mucho miedo de que llegue otro tifón, pero no tenemos más opción que refugiarnos aquí debajo”, explica Luisa con su bebé de tres meses en brazos, consciente de que una media de 20 huracanes visitan Filipinas cada año.

El caudal del río junto al que viven, afirma, a veces aumenta hasta quedarse a medio metro de la frágil tabla de madera sobre la que duerme la familia, colocada sobre la inclinada pendiente que forma el cauce y que ellos mismos nivelaron con troncos de madera y otros objetos.

“Yo duermo en la parte de la tabla que da al río, para que ninguno de los niños se pueda caer”, dice Luisa, que ha colocado una vieja bicicleta un par de metros más abajo que actúa de barrera improvisada por si alguno de sus hijos resbala y cae al agua.

“No todos saben nadar”, comenta la filipina.

Aunque su situación seis meses después del Haiyan es extrema, Luisa y Alfred reciben ayuda de la ONG Acción Contra el Hambre, que distribuye dinero en efectivo a unas 10.000 familias en las zonas afectadas por el tifón en su proyecto “Transferencia de Dinero Sin Condiciones”, con la colaboración de Unicef.

La organización entrega a los Libutan, como al resto de las 10.000 familias, 100 dólares al mes durante un semestre, que podrán gastarse en lo que ellos decidan.

“Los primeros meses me lo gastaba en comida, y ahora estoy intentando ahorrar un poco para poder comprar materiales para reconstruir la casa, que será más o menos como la anterior”, afirma la madre de familia.

“Ojalá pudiéramos construir con hormigón, pero no nos lo podemos permitir. De momento, mi sueño es tener una casa como la de antes, un trabajo, y que mis hijos puedan ir al colegio”, añade Luisa.

Las mismas aspiraciones tiene la familia de Mabel Lorenzana, del distrito 68 de Tacloban, un asentamiento informal situado en plena costa y que tiene una alta densidad de población, lo que ha obligado a algunos de los residentes a construir sus viviendas elevadas sobre el agua.

Ella y diez de sus familiares tuvieron que reconstruir su casa con materiales ligeros en el mismo lugar en el que solía estar, encima del mar, a pesar de que es una zona que el Gobierno ha declarado no apta para viviendas.

“No tenemos dónde ir, así que hemos vuelto aquí, pero es muy doloroso, porque nos recuerda constantemente a los familiares que murieron por el tifón”, señala Mabel.

La filipina, cuya familia se dedica a vender pescado, cuenta cómo una de sus sobrinas perdió a sus dos únicos hijos, de 1 y 4 años, por la marejada ciclónica que arrasó el barrio.

“Para ella es muy doloroso volver aquí. Incluso 6 meses después llora constantemente, pero lo único que podemos hacer es esperar hasta que nos den una vivienda”, dice la mujer.

Para la encargada del proyecto “Transferencia de Dinero Sin Condiciones” de Acción Contra el Hambre, Lailani Sero, ese es el problema más común entre sus beneficiarios: que no tienen a dónde ir.

“La gente nos dice constantemente que no tienen más opción que ir al mismo lugar en el que estaban antes, aunque sea arriesgado, porque no tienen dinero para una parcela”, explica Sero.

“Muchos de ellos ya tienen dificultades para alimentarse y reconstruir una casa, como para encima pagar el alquiler de un terreno”, concluye.

Helen Cook