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Paz y Paz dice que “el juicio a Ríos Montt invisibilizó los avances de la Fiscalía”

WUVN News
05/08/2014 8:48 PM
Actualizada: 05/08/2014 8:01 PM

Guatemala, 8 may (EFE).- La fiscal general de Guatemala, Claudia Paz y Paz, considera que el proceso judicial que llevó contra el exmilitar golpista Efraín Ríos Montt en 2013 “invisibilizó” los logros de su gestión, que incluye un 38 % más de condenas en los últimos tres años.

Paz y Paz habló sobre el juicio al militar y otros temas durante una entrevista realizada hoy con Efe en su oficina, en el centro de la Ciudad de Guatemala.

La abogada, que en 2013 fue nominada al Premio Nobel de la Paz por su labor en el país centroamericano, dejará su cargo este mes tras no ser tomada en cuenta para un segundo período por una comisión a cargo de la elección del nuevo fiscal general.

P.- ¿Qué significó ser la primera mujer al frente del Ministerio Público de Guatemala?

R.- Significó un desafío, porque mis antecesores fueron hombres. Y la institución era prácticamente de hombres. Había unidades con 95 % de sus integrantes varones. (…) Además de ser mujer, no tenía carrera dentro del Ministerio Público. Entonces tuve que demostrar que podía hacer mi trabajo y que conocía muy bien a la institución.

P.- ¿Se sintió discriminada en algún momento por ser mujer?

R.- El Ministerio Público es una institución jerárquica. Internamente si alguien sintió descontento, no me lo expresó. Pero en otros espacios sí me sentí discriminada. Por ejemplo, algunos me llamaban o decían mi nombre en diminutivo. No me llamaban fiscal o doctora o licenciada, sino “Claudita” o “mi hijita”.

P.- El Ministerio Público, que tiene 4.000 trabajadores y 1.500 fiscales, se reorganizó en los últimos cinco años por completo, siguiendo un modelo exitoso de servicio implementado originalmente en el departamento de Quetzaltenango. ¿Encontró resistencia al llevar a cabo esa reorganización?

R.- En algunos lugares los fiscales pedían un cambio porque veían que las fiscalías que habían implementado la reorganización tenían mejores resultados, entonces lo solicitaban. En otras unidades la resistencia fue muy fuerte.

P.- En mayo de 2011, el fiscal Allan Stowlisnky Vidaurre fue asesinado en el departamento de Cobán por los Zetas. ¿Cómo enfrentaron los fiscales esta situación cuando vieron que su seguridad no estaba garantizada?

R.- Fue un momento de mucha tensión. Y si los fiscales no lo decían en público, pues seguro lo pensaban. Fue una situación muy grave. Nadie quería llevar el caso. Al final lo llevaron entre todos y ahí se disminuyó el riesgo. Hubo fiscalías muy valientes. Al final del juicio de la masacre de los Cocos (en Petén, donde fueron asesinados 27 campesinos por miembros de Los Zetas) vinieron los dos fiscales que llevaron el proceso a decirnos “entregamos el caso: condenados”. Fue un desafío muy grande en su momento. Las escuchas fueron una herramienta muy importante para poder condenar a los involucrados.

P.- El asesinato del cantautor argentino Facundo Cabral, en julio de 2011, se logró resolver en 72 horas. Hay quienes analizan este crimen como un antes y un después para el Ministerio Público y la Fiscalía.

R.- Fue un parteaguas para la Fiscalía. Recuerdo que mi marido me dijo de madrugada: “Claudia, mataron a Facundo Cabral”. Yo cerré los ojos y dije: “Pobres los fiscales de Argentina que tienen que esclarecer ese caso”. Obviamente segundos después supe que había sido en Guatemala. La metodología para resolver el caso, al igual que en la masacre de los Cocos, fue muy efectiva. Afortunadamente había bastante evidencia en el crimen, tanto de video, antenas telefónicas y huellas en el vehículo.

P.- Uno de los ejes de su plan estratégico fue la cooperación entre instituciones.

R.- Creo que es uno de los avances que no se puede perder: la coordinación con el Ministerio de Gobernación (Interior), con el Instituto Nacional de Ciencias Forenses y entre fiscales e investigadores policiales. Antes se peleaban las escenas del crimen, no se compartían los hallazgos en los casos y eso evitaba una investigación efectiva. Eso no sucede más. Ahora son equipos.

P.- ¿Cuál es el máximo orgullo de su gestión?

R.- El mayor orgullo es la persecución penal estratégica. Es un método de trabajo que ha demostrado ser eficiente. Creo que ha habido una falta de compresión de lo que significa, porque no es que solo se atiendan casos de impacto. Todos los casos se atienden, pero con una metodología distinta.

P.- ¿Y dónde cree que fallaron o que se debe hacer mucho más trabajo?

R.- Donde también avanzamos, pero nos falta mucho por hacer, es en la atención a las víctimas. Nosotros logramos tener oficinas de atención a la víctima en todo el país, pero modelos de atención integral en solo nueve departamentos. Estos modelos funcionan 24 horas y cuentan con médicos, sicológicos, forenses, policías y trabajadores sociales reunidos en el mismo lugar para que la víctima no tenga que ir de oficina en oficina.

P.- El próximo sábado se cumplirá un año desde que Ríos Montt fue condenado por genocidio, aunque la sentencia después fue revocada. ¿Cuál es su opinión al respecto en perspectiva?

R.- Es un juicio muy importante, que había sido largamente gestionado por las víctimas y por las organizaciones de derechos humanos. Creo que fue positivo para Guatemala que en una audiencia donde está el perpetrador y las víctimas se escuchara su voz ante un tribunal, que finalmente dictó un fallo. Creo que la posibilidad de que el juicio se celebre en enero de 2015 aún es incierta, porque hay muchos recursos que están pendientes, pero es importante que este y otros juicios continúen, pues son hechos delictivos que ocurrieron y hay obligaciones nacionales e internacionales que exigen que se cumplan con la justicia en estos casos.

P.- ¿Siente que el juicio a Ríos Montt le pasó factura en su búsqueda de un segundo período en el Ministerio Público?

R.- Siento que invisibilizó otros aspectos que se habían trabajado y que habían tenido éxito dentro de la Fiscalía. Toda la discusión pasó a ser si hubo o no genocidio, o si estuvo bien el juicio o no. Hay muchos aspectos de la gestión que pasaron invisibles. Por ejemplo, la reducción de delitos contra la vida, el trabajo que se hizo para favorecer el acceso de las mujeres a la Justicia, la lucha contra el narcotráfico o el lavado de dinero.

P.- ¿Siente un sabor amargo por no poder continuar con el trabajo en un segundo período como fiscal general?

R.- No tengo un sabor amargo. Cuando se ha hecho tanto esfuerzo, como con la apertura de la Sección de Análisis Criminal, que ha pasado de tener a 10 personas ahora a tener a más de 120, uno siempre quiere ver los frutos. Pero se entiende que son procesos. Estos cargos tienen fin.

P.- ¿Tiene temor de que los avances que se han hecho en los últimos años no continúen?

R.- Sí. Es una de mis preocupaciones y uno de los desafíos para quien venga, pero también para todos los ciudadanos y ciudadanas, que no deben permitir que haya un retroceso. Este es un esfuerzo de muchas personas y debe ir para adelante y no para atrás. La sociedad debe vigilar el rendimiento del Ministerio Público.

P.- ¿En algún punto de su período sintió injerencia por parte de algún sector?

R.- No, nunca sentí injerencia de nadie.

P.- ¿Es optimista con respecto al futuro de Guatemala?

R.- Creo que sí. Hay que ser optimistas y tener fe. Sobre todo fe.