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El papa pide a Ban Ki-Moon que la ONU promueva una movilización ética mundial

WUVN News
05/09/2014 7:47 AM
Actualizada: 05/09/2014 7:50 AM

Ciudad del Vaticano, 9 may (EFE).- Las Naciones Unidas deben promover una “movilización ética mundial” que acabe con las desigualdades y difunda un “ideal común de fraternidad y solidaridad”, dijo hoy el papa Francisco al secretario general de la ONU, Ban Ki-Moon.

“Les invito a promover juntos una verdadera movilización ética mundial que, más allá de cualquier diferencia de credo o de opiniones políticas, difunda y aplique un ideal común de fraternidad y solidaridad, especialmente con los más pobres y excluidos”, solicitó el pontífice.

El papa Bergoglio recibió hoy en el Vaticano a Ban en un encuentro al que también acudieron otros miembros de la organización y adonde no se permitió el acceso a la prensa.

El discurso del papa argentino, que fue leído en inglés, italiano y castellano, estuvo plagado de alusiones a la necesidad de erradicar las desigualdades en el mundo y acabar con la pobreza, un mal que aqueja, dijo, a muchas personas.

“Esta importante parte de la humanidad”, a la que aludió Bergoglio, continúa “excluida de los beneficios del progreso” y es “relegada a seres de segunda categoría”.

Por ello, el papa rogó a la ONU que ponga en marcha políticas de ayuda hacia este colectivo, ejecutadas, dijo, con “magnimidad y valentía” para que incidan “sobre las causas estructurales de la pobreza y del hambre”.

También, para que “consigan mejoras sustanciales en materia de preservación del ambiente y garanticen un trabajo decente y útil para todos”, prosiguió.

Como ya hizo en otras intervenciones, el máximo representante de la Iglesia volvió a aludir a la familia que, destacó, es un pilar “esencial de cualquier desarrollo económico y social sostenibles”.

El Evangelio de San Lucas es frecuentemente leído por el máximo representante de la Iglesia en muchas de sus homilías, y también fue traído a colación en esta audiencia.

En esta ocasión, el pontífice argentino se refirió al episodio que narra la visita de Cristo al rico publicano Zaqueo en Jericó (en la actual Cisjordania).

Criticado por los habitantes de esa ciudad, que le acusan de ser indigno de Dios por recaudar impuestos a costa de la gente, Zaqueo se defiende diciendo que dona la mitad de sus riquezas a los pobres si considera que ha defraudado a alguien.

Francisco explicó entonces que este arrendador de impuestos “tomó una decisión radical de justicia cuando su conciencia fue despertada por la mirada de Jesús”.

Se trata, según el obispo de Roma, de una enseñanza que puede ser traída al presente pues predica que, “por encima de los sistemas y teorías económicas y sociales, se debe promover siempre una apertura generosa, eficaz y concreta a las necesidades de los demás”.

Este encuentro se produjo después de que esta semana una representación de la Santa Sede compareciera, durante dos días, ante el Comité de la ONU contra la Tortura en relación con casos de pederastia protagonizados por eclesiásticos.

La Santa Sede se adhirió en 2002 a la Convención contra la Tortura, que tiene objetivo principal la “lucha contra la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes en todo el mundo”.

Durante su comparecencia, el representante del Vaticano ante la ONU en Ginebra, Silvano Maria Tomasi, explicó que, aunque la Santa Sede no tiene jurisdicción penal en casos de pederastia cometidos en terceros países, sí puede destituir o sancionar a los sacerdotes si se comprueba que han cometido el delito.

Algo que sucedió, dijo Tomasi, en 3.456 casos.

Ya el pasado febrero el Comité de la ONU encargado de proteger los Derechos del Niño, criticó al Vaticano que no hubiera reconocido nunca “la amplitud de los crímenes” de abuso sexual contra niños por parte de sacerdotes y le reprochó que no tomara “las medidas necesarias” para proteger a los menores.

El papa Francisco pidió, el pasado 11 de abril en una intervención improvisada, perdón públicamente por los abusos sexuales cometidos a nivel mundial por sacerdotes y afirmó que la Iglesia no daría ningún “paso atrás” al abordar esta cuestión.

Laura Serrano-Conde

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