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El español Sierra i Fabra afirma que leer y escribir le salvaron la vida

WUVN News
05/11/2014 11:21 AM

Bogotá, 11 may (EFE).- El escritor español Jordi Sierra i Fabra, autor de 500 libros, 429 de ellos publicados, defiende la importancia de que niños y jóvenes puedan leer y escribir, pues en su caso, eso le salvó la vida.

El autor, nacido en Barcelona en 1947 y de un extraordinario parecido físico con el nobel Mario Vargas Llosa, con quien coincidió en la XXVII Feria Internacional del Libro de Bogotá que concluye mañana, dijo en una entrevista con Efe que no concibe el mundo sin letras y sin libros.

Atrás quedaron los días en que vendía pan seco y diarios viejos para ganar dinero para alquilar libros que devoraba a razón “de uno por día”. “Eran épocas duras”, dice.

Entonces, “era gago, no podía hablar bien, y es cuando descubro que escribiendo no tartamudeo”. Además, por esos días tuvo que enfrentar a su padre, quien le prohibió ser escritor porque “moriría de hambre”.

El autor de “Desnuda”, novela sobre la violencia de los adolescentes y el regreso del machismo, un tema de actualidad en Iberoamérica, señala que el éxito de sus libros está en “que no pongo paja”.

Ganador de una docena de premios literarios, Sierra i Fabra dice que no le gusta que lo etiqueten con un público específico “porque lo que hago es contar historias y que cada cual las lea y las interprete a su gusto”.

Eso sí, destaca que su estilo está marcado por reglas sencillas pero certeras: “muchos diálogos, frases cortas y un ritmo brutal que viene de la música y de ir cada noche al cine”.

El escritor, que ha vendido más de 10 millones de libros entre ellos “Campos de fresas”, cuyo título está inspirado en la canción de los Beatles “Strawberry Fields Forever”, y “Las chicas de alambre”, dice sentir gran satisfacción por ocupar un lugar en la literatura.

Recuerda que hace algunos años, en un estudio que se hizo en España sobre los autores más leídos quedó en medio de dos premios Nobel: el colombiano Gabriel García Márquez (1982) y el español Camilo José Cela (1989).

“Gabo, en esa lista, era el número siete, yo el ocho y Cela el nueve. Los que ocupaban los primeros lugares eran Federico García Lorca, Benito Pérez Galdós, Gustavo Adolfo Bécquer… Todos están muertos y en ese momento los dos únicos vivos éramos Gabo y yo. Ahora solo quedo yo”, subraya el escritor.

Sabedor de que la ambición de convertirse en escritor es un camino largo y difícil, el autor se dio a la tarea de abrir un espacio a escritores jóvenes.

De esa idea nacieron la Fundació Jordi Sierra i Fabra, en Barcelona, y la Fundación Taller de Letras Jordi Sierra i Fabra, en Medellín (Colombia).

Con esta última ganó en 2010 el premio Ibby-Asahi otorgado por el Comité Internacional de Libros para Niños y Jóvenes (IBBY, por sus siglas en inglés) y la agencia de prensa japonesa Asahi Shimbun.

Ese galardón premió el Proyecto de Cooperación al Plan Municipal de Lectura realizado entre 2006 y 2007 por su fundación en sociedad con la Alcaldía de Medellín.

Allí se realizaron 795 actividades que beneficiaron de forma directa a más de 35.000 personas y en su ejecución se involucraron organizaciones comunitarias y líderes culturales de los barrios pobres donde se trabajó.

“Lo importante es que el premio reconoce a mucha gente implicada en Barcelona, en Medellín, en España, en Colombia. Es un trabajo en equipo”, afirma el escritor, quien lamenta que en su momento “en España nadie registró esa noticia”.

Ahora, dice, las fundaciones de Medellín y Barcelona gozan de mejores espacios físicos, han realizado intercambios de autores, conferencias y otras actividades para permitir que la gente joven se forme como escritor y, sobre todo, que haya quien los lea y publique.

“Cada año en Medellín recibimos más de 100 libros (para concurso). Hay un solo ganador, cuyo premio lo entrega doña Letizia (la esposa del príncipe Felipe), al resto de participantes los llamo por teléfono y a los 10 primeros además les envío una carta con las observaciones del jurado” señala.

A sus 67 años, el escritor dice ser un hombre feliz por el mundo que ha conocido, por lo que ha escrito, por lo que ha publicado, por sus dos fundaciones y por su familia, en especial su esposa que en un momento dado aceptó que se dedicara únicamente a escribir.