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Lucha de opuestos en la gala de primavera del American Ballet

WUVN News
05/13/2014 2:53 AM
Actualizada: 05/13/2014 3:21 AM

Nueva York, 13 may (EFE).- De la veteranía de Paloma Herrera en “Don Quixote” y el desparpajo de una “Coppelia” cubana de Xiomara Reyes a la precisión soviética de Diana Vishneva o Ivan Vasiliev, las fuerzas contrapuestas del American Ballet convivieron en una gala de primavera clásica con una bocanada de contemporaneidad. 

El American Ballet (ABT), amalgama de escuelas que se someten sin complejos a la atemporalidad del tutú y a la apoteosis del cartón piedra, abrió en la Metropolitan Opera House de Nueva York su temporada primaveral de 2014 con Michelle Obama como madrina de la institución, Sigourney Weaver como maestra de ceremonias de la gala y una platea con rostros como el del diseñador Valentino.

En su menú degustación de lo que será esta temporada, Paloma Herrera, la decana de las primeras figuras y en medio de la rumorología de una retirada para 2015 -cuando cumple 20 años en lo más alto del ABT- desplegó la solvencia de su clásico eterno.

Su Kitri para aquél “Don Quijote” visto por primera vez en el Teatro Imperial de Bolshói de Mosc? a finales de siglo XIX fue tomado por esta argentina como una veda abierta para la invasión latina en el ballet más importante de los Estados Unidos.

Eran los noventa, cuando el muro de Berlín había caído, pero el telón de acero en el mundo del ballet se mantenía. Hoy, en cambio, el trasvase de talentos desde el Bolshói es la savia fresca y lo más aplaudido por el público, como bien demostraron la “Manon” de Polina Semionova y, sobre todo, “La Bayadera” dominada por esas piernas y esos glúteos hipertrofiados de Ivan Vasiliev.

Es el triunfo de una escuela acostumbrada a escenarios más grandes y que no haya descanso para comer. A un control milimétrico curtido en la severidad al que, casi por principios (y por mandato sindical), no aspira el ABT.

Y por otro lado, mientras el repertorio pasaba irremediablemente por la cantera de la Jacqueline Kennedy Onassis School, por esa “Coppelia” autómata pero llena de gracia por obra y arte de la siempre fiabilísima Xiomara Reyes o una preciosa “Cenicienta” con el brasileño Marcelo Gomes y la asiática Hee Seo, los mejores momentos llegaron de mano del género que esta institución mira de reojo o deja en manos del New York City Ballet: el contemporáneo.

El propio Gomes, otro de los que es de la raza veterana, de los que compartió escenario con Angel Corella, se atrevió a languidecer sus líneas junto a la “diva Vishneva” bajo una danza de uno de los grandes coreógrafos vivos, Jiri Kylián, para una pieza de estreno para la compañía: “Nuages (nubes)”.

Con ella las tensiones se disolvieron junto a los prejuicios y dos personas en el escenario, sin apenas escenografía, alumbraron la verdadera belleza y arrancaron la mayor ovación de la noche.

También “The Dream”, de Frederick Ashton, gustó con James Whiteside y Daniil Simkin como protagonistas, pero el American Ballet se debe lo que se debe y decidió terminar con lo que cree que mejor se le da y que no siempre es así: con el derroche de vestuario, escenario, número de bailarines en escena y decibelios. 

Qué mejor homenaje al exceso que una recreación del Moulin Rouge bajo la excusa del ballet “Gaîté Parisienne”, que con trajes de cancán del modisto Christian Lacroix, con la vis cómica del último latino que faltaba, el fantástico Hermán Cortejo, la música de Jacques Offenbach y la coreografía de Leionide Massine se impuso como ruidoso broche a una gala que había brillado en los susurros.

Un aperitivo que abre boca para una nueva temporada en la que, con el placer de lo reconocible o la sorpresa de lo imprevisto, el ABT volverá a ser un lujo para los amantes del ballet en Nueva York.

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