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Mando Diao defiende que para ellos la música no tiene por qué ser innovadora

WUVN News
05/13/2014 4:00 AM

Madrid, 13 may (EFE).- Cada vez con más ahínco, las décadas musicales se repliegan y confunden en la obra de los suecos Mando Diao, que están de regreso con un disco en el que, en su enésimo cambio de tercio, ensalzan Japón y descubren las posibilidades de un viejo sintetizador de la época soviética.

“Para nosotros la música no tiene por qué ser innovadora, no tiene por qué situarte dos años por delante del momento en el que estás”, defiende en una entrevista con Efe en Madrid -donde está de promoción- uno de sus líderes, Björn Dixgard, demasiado niño en los años ochenta para recordar el auge de las técnicas digitales.

Su redescubrimiento personal de aquellos tiempos se produjo más bien gracias a la fortuna y al reciente hallazgo en una tienda de segunda mano de Estocolmo de “Aelita” (Universal Music), llamado por algunos “la reina de los sintetizadores soviéticos”, un aparato que ha servido de columna vertebral y justifica el título.

La conexión con aquel trasto tardó un poco en producirse, pero “el oso despertó de la hibernación” y Dixgard y el otro líder de Mando Diao, Gustaf Norén, pronto comenzaron a alumbrar “todos estos extraños sonidos” que acompañan su nuevo trabajo.

“Usamos cualquier instrumento que es bueno para nuestra musicalidad. Ya no pensamos en qué instrumentos utilizamos, sino en qué sonidos necesitamos”, sentencia, y defiende que la naturaleza musical de lo digital es “tan real” como la analógica.

“Abiertos de mente a otras culturas” y acostumbrados a concebir cada proyecto como un “viaje” conceptual, en este caso la travesía les ha llevado a implementar en su música la idiosincrasia de Japón, uno de sus primeros graneros de seguidores.

“Cuando lo conocimos, pensamos que era un lugar muy diferente, pero no por las mismas razones que ahora. En los últimos seis o siete años, hemos aprendido qué gran país es y su enorme capacidad para la fantasía, como se ve en sus películas y cómics”, dice.

El resultado de todo ello es “un disco para bailar, incluso en sus momentos más lentos”, dicen estos roqueros que han aprendido a valorar la música de baile, a pesar de su “escepticismo” inicial.

“Tras varios años de actividad y de tocar en salas de concierto de rock, nos decíamos que tenía que haber algo más ahí fuera, otros clubs y culturas, así que empezamos a explorar las salas de house y todos esos lugares donde la gente baila”, recuerdan, sin dejar de justificar el rock and roll y la música clásica son concebidos a veces con esta finalidad lúdica.

También aquí han hecho lo que les dictaba su corazón, aseguran, como cuando compusieron su anterior álbum, “Infruset” (2012), una arriesgada musicalización de poemas en sueco del escritor Gustaf Fröding, que se convirtió en el disco del repertorio de Mando Diao más vendido en su tierra.

Quince años han transcurrido desde el inicio de la banda, un tiempo en el que, sobre todo, han dejado atrás “una gran falta de confianza” y “muchos miedos” sobre lo que iban a experimentar y frente a los “ataques”.

De eso versa “Black saturday”, un sencillo con la fuerza de su éxito planetario “Dance with somebody”, que habla “de esos días en los que sabes que va a pasar algo que cambiará tu vida, de aferrarte a la sensación de incertidumbre, a su belleza, de su capacidad para asustar y de controlar ese miedo para llegar a un lugar nuevo”.

Un zoom exhaustivo a la cáustica portada, que no es sino la punta del iceberg de un futuro proyecto artístico global, revela este y otros detalles de “Aelita”, en el que no faltan referencias cinematográficas en versos que, como en la célebre “Twin peaks” de David Lynch, reclaman: “Fuego, camina conmigo”. Javier Herrero

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