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Sentimientos, suspense y paisaje irlandés en la primera novela de Mikel Santiago

WUVN News
06/03/2014 10:58 AM

Madrid, 3 jun (EFE).- Una amenaza inexorable se cierne sobre las personas queridas de un músico que busca inspiración al piano frente a la agreste costa irlandesa, escenario donde Mikel Santiago sitúa su primera novela, en la que vuelca su experiencia de “expatriado” y su “historia de amor” por un país eminentemente literario y musical.

“La última noche en Tremore Beach” es la novela en la que el autor vasco (Portugalete, norte de España, 1975) ha regresado a la Irlanda de frías atmósferas y “cálidas gentes” que marcaron su vida durante algo más de tres años, explica a Efe durante un recorrido por los lugares de la costa irlandesa donde se desarrolla su obra.

En una solitaria casa frente al mar sitúa Santiago al protagonista de su novela, Peter Harper, un famoso músico que lucha por romper el bloqueo creativo en el que ha encallado tras una ruptura sentimental; una actitud, la de “buscar lugares que nos reconfortan cuando estamos heridos”, en la que el autor ha trasvasado experiencias propias, sentimentales y profesionales.

Santiago también probó suerte en el rock tanto en España como en los escenarios de Dublín, “donde la música es parte de la cultura diaria”, relata el autor durante un recorrido con periodistas españoles por el barrio de Temple Bar, epicentro cultural de la capital de Irlanda, un país que le ha servido como “referente” para volcar sus “influencias anglosajonas” en cine y música.

Y sobre todo en la literatura, porque de este país de poco más de 4,5 millones de habitantes han salido innumerables autores de referencia de la historia de las letras, desde James Joyce a Bram Stoker, y hasta cuatro premios Nobel de Literatura, entre ellos Samuel Beckett y el recientemente fallecido poeta Seamus Heaney.

Santiago sitúa al protagonista de su novela en una noche de tormenta de la que saldrá con la convicción, mediante lo que aparentan ser sueños premonitorios, de que algo grave acecha a sus amigos y vecinos y sobre todo a sus hijos, que le visitan por unos días en su casa solitaria, un relato que el autor cataloga dentro del género del “suspense”.

“Sabemos lo que va a pasar pero no cuándo, sabemos que va a ocurrir un acto violento en cualquier momento”, apunta Santiago, que ha querido dotar de suficiente “carga emocional” a sus personajes para que “La última noche en Tremore Beach”, que Ediciones B publica mañana, “no sea completamente una historia fantástica de terror”, al estilo de Stephen King, ni una novela negra, a lo John Connolly.

Cita a los dos autores, junto a Patricia Highsmith, que más le han influido en su carrera como escritor, iniciada hace cuatro años en el formato digital con en el relato “Historia de un crimen perfecto”, que figura aún entre los más vendidos en español en las principales librerías digitales.

Ahora se ha pasado al papel con la que considera primera novela “decente”, en la que “sin adivinanzas ni misterios encriptados”, y sí a través de la “carga emocional” de sus personajes quiere llevar al lector hasta un final ajustado “como una partida de ajedrez”.

“Crear es un acto de confianza”, dice uno de los personajes de la novela, y a él se ha ajustado también Santiago, que vive ahora en Amsterdam, donde se gana la vida como programador informático, una profesión a la que ha llegado de forma autodidacta y que le ha permitido la “flexibilidad” necesaria para escribir esta novela, que comenzó a idear en 2009, nada más abandonar Irlanda.

Su novela se nutre también de su experiencia de “expatriado” de sus últimos siete años, en los que ha hecho, como el protagonista de su novela, “amistades muy profundas y muy rápidas, en las que las personas a veces esconden grandes secretos”.

Santiago, que “visualiza” la escenas de sus novelas como si fueran de una película, confiesa que no le importaría que “La última noche en Tremore Beach” se convirtiese en una serie televisiva, al estilo de “Twin Peaks”, con mucho misterio y “pocos policías”, en la línea de novela negra que le gusta, “a la antigua usanza”.

Por Manuel Carretero.