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Mientras la canción diga algo y moleste a algunos, mejor, afirma León Gieco

WUVN News
06/12/2014 11:22 AM

Nueva York, 12 jun (EFE).- No huye de las etiquetas. El argentino León Gieco lleva cuatro décadas “molestando” con sus canciones, denunciando injusticias que hoy continúa viendo en las calles y que, a su manera, le “obligan” a seguir componiendo, pero dice que no le interesa la política y que también tiene tiempo de cantarle al amor.

“A mí lo de artista comprometido no me molesta. Mientras la canción diga algo y moleste a algunos, mejor. El problema es cuando no se dice nada porque se la terminan comiendo otros temas”, asegura Gieco en una entrevista a Efe durante una visita a Nueva York para presentar en la ONU su película “Mundo Alas” sobre la discapacidad.

En su último disco, “El desembarco”, molestó por inspirarse en poesías de Ernesto “Che” Guevara para cantarle “A los mineros de Bolivia”, y removió conciencias entre sus compatriotas con “El argentinito”, una crítica ácida “a esa cosa facha” que, lamenta, “todavía corroe” a algunos en su tierra.

“Lo cierto es que nuestras canciones perduran. Ahora las grandes disqueras trabajan con cinco artistas y nos lo ponen en la radio 24 horas, ese es el poder del dinero. Pero yo todavía canto ‘Hombre de hierro’, que compuse hace cuarenta años, y ‘Canción para Carito’ la siguen aprendiendo los pibes en la escuela”, dice orgulloso.

Por “molestar” a los jerarcas de la dictadura fue condenado al exilio en su país. Corría el año 1978, tiempos oscuros en los que Argentina y Chile estuvieron a punto de entrar en guerra por el canal del Beagle y que le llevaron a componer su legendario “Sólo le pido a Dios”.

“Rápidamente la gente empezó a cantarlo, en contra de la guerra pero también contra la dictadura”, recuerda Gieco. “Me citaron en el Primer Cuerpo del Ejercito y me dijeron: ‘usted no puede cantar una canción de paz en tiempo de guerra, así que o deja de cantar o se va del país’. No quería irme pero empezaron las amenazas de muerte”.

Músico, cantante, poeta… si algo soñó siempre León Gieco era estar encima de un escenario, y aunque podría haber hecho “muchas cosas” de no haber terminado en el mundo de la música, en lo único en lo que nunca se vio es haciendo política. “Me han ofrecido cargos políticos muchas veces, pero a mí no me interesa”.

“Es innegable que la política ocupa, en mi caso, un espacio muy importante, no se trata de huir de etiquetas pero, a ver, ¡que yo también le he cantado muchas veces al amor!. En uno de mis últimos discos, ‘Verdaderas canciones de amor’, todos son temas descomprometidos políticamente”, responde.

Gieco empezó a tomar conciencia social a los 18 años, cuando al llegar a Buenos Aires de su pueblo de Cañada Rosquín se encontró con un gobierno militar y una juventud politizada que empezaba a pedir la vuelta de Perón. “A mi me dio por escribir, y así fue como salió mi primera canción, inspirado en Bob Dylan”.

Venía de un hogar donde la música nunca faltó. Su padre tocaba en la orquesta de su pueblo, “hasta sesenta canciones en una misma noche”, y aunque acabó alcoholizado, siempre le apoyó y fue él quien le animó a viajar a la capital. “Me mandó a Buenos Aires a continuar la carrera que nunca terminó de tener”.

“La idea era grabar dos discos y volver a mi pueblo y montar una frutería. Todavía me preguntan si monté el negocio, y desde entonces no he parado de grabar discos y cantar. Ya han pasado 43 años y al final llega un momento en tu carrera en que no puedes parar porque entras a formar parte del universo de la música”.

Aunque dice no ser político, “simpatiza” con la última hornada de presidentes en América Latina que eligieron “enfrentarse a las corporaciones y repartir un poco entre todos”, la América Latina de Evo Morales en Bolivia, la de Pepe Mujica en Uruguay o la de Cristina Kirchner en su tierra.

Ecologista a muerte y amante de la paz, prefiere seguir ayudando a los pueblos a tener “memoria” o a forzar a la gente a hablar de cosas como la discapacidad, como en “Mundo Alas”, el documental que surgió de una gira por el interior de Argentina con una veintena de artistas con distintas minusvalías físicas o mentales.

“De alguna manera me cambió la vida, no quiero sonar extremista, pero me hizo ser una persona más paciente, más tranquila, más sencilla. Estando con ellos me hizo creer en la hermandad de las personas y tener más de fe en la condición humana”, asegura Gieco, quien invita a la gente a aprender de ellos “aunque sea un poquito”.

Antes de su recital organizado por la misión permanente de Argentina en una de las salas de Naciones Unidas, aprovecha para hacer un llamamiento a las ciudades para que rompan “las barreras (arquitectónicas) de la imposibilidad” y aseguren que los chicos y chicas discapacitados tengan siempre un lugar donde desarrollarse artísticamente.

“La discapacidad siempre fue discriminada, y en algunas ocasiones hasta fue asesinada, como hicieron los nazis, que según ellos (los judíos) no eran una raza completa”, se lamenta Gieco, quien responde que el principal mensaje que plantea “Mundo Alas” es que “nos quejamos por estupideces”.

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