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Theorin aborda la emigración nórdica a la URSS en el cierre de su tetralogía

WUVN News
06/22/2014 8:20 AM

Barcelona (España), 22 jun (EFE).- El escritor sueco Johan Theorin teje una atípica novela negra en “El último verano en la isla”, con la que cierra la tetralogía ambientada en la isla de Öland y en la que, ha dicho, desentierra “la poco conocida emigración nórdica a la URSS”.

“El último verano en la isla” (Penguim Random House) se sitúa, como las tres anteriores, en una estación del año, siempre en la misma isla, Öland, que Theorin califica en una entrevista con Efe como “la Mallorca sueca”, pues es una “isla muy turística a la que todos han ido o quieren ir” y que pasa de unos 15.000 habitantes en invierno a 200.000 en pleno verano”.

Esta aglomeración de gente facilita el trabajo al escritor, pues es “cuando hay más gente en la isla; la gente empina bastante el codo, se pelean y aumentan los delitos”.

En la última entrega de la tetralogía, Theorin aborda la emigración nórdica a la URSS, en medio de las purgas de Stalin, algo que, admite, “no se conoce mucho, ni siquiera en Suecia ni en otros países nórdicos”.

Aventura que esa ignorancia se debe tal vez a la cantidad de gente que emigró desde Suecia a la Unión Soviética, unos 10.000, cifra irrisoria respecto al millón que se fue a EE.UU., y, además, “a los que volvían no les gustaba hablar de ello, porque creían que iban al paraíso de los trabajadores y volvían decepcionados”.

El origen de la tetralogía está en esta isla, en la que veraneaba con su familia materna y escuchaba con atención las historias que le explicaba su abuelo.

“Unas historias fantásticas que me creía a pies juntillas, pero debe ser el lector quien debe decidir si estos fantasmas existen o están en la mente y la imaginación de los personajes, aunque los crímenes sí son reales”, explica.

La novela se alimenta de esas historias que los adultos contaban al joven Theorin en su infancia: “No sé si son reales, pero a mí me las contaron como si fueran reales”, comenta.

De hecho, la novela comienza con un funeral en el que se oyen golpes desde dentro de la caja, una escena que Theorin escuchó de pequeño y a la que ahora da una posible explicación que no tiene nada de sobrenatural.

La trama de la cuarta novela del ciclo tiene que ver, dice Theorin, con los emigrantes, pues Öland era un lugar muy pobre hace cien años y mucha gente emigró. De hecho, el propio Theorin tenía algunos bisabuelos que se fueron al este y otros al oeste, y en la novela cuenta la historia de alguien que fue al este y acabó en un mal lugar.

En ese áspero paisaje, Theorin sitúa a Gerlof, que se inspira en su abuelo, un marinero que estuvo transportando piedra de la isla de Öland a Estocolmo durante 30 años y que murió joven.

“Para construir a Gerlof, el detective de la historia, imaginé cómo sería mi abuelo a la edad de los 80 años, quien, pese a sus numerosos achaques, podría descifrar los perturbadores misterios del verano gracias a su veteranía y a su condición de máxima autoridad en la historia y la orografía de la isla”, rememora.

Su inesperado aliado es Jonas, un introvertido preadolescente, condenado a unas vacaciones interminables, que, dice, “es como yo era cuando tenía 12 años, y le he dado mis recuerdos de esos veranos cálidos en la isla, aunque se enfrenta a muchos más problemas de los que yo tenía”.

Vivir en un espacio aislado y con tan poca gente imprime carácter, reconoce Theorin, quien recuerda que “la gente tiene una memoria muy buena, porque no pasan muchas cosas, hasta el punto de que hay personas que se pelearon hace 30 años y han estado todo ese tiempo sin hablarse, porque el origen estaba muy presente; o delitos cometidos hace cien años que mantienen vivos sus nietos”.

Finalizada la tetralogía, Theorin abandona al menos de momento la isla de Öland y ahora trabaja, dice, en una secuela de “El guardián de los niños”, que fue proclamada mejor novela sueca de misterio y premio de los lectores en Francia, en la que aparecía una cantante misteriosa a la que nadie sabe qué le pasa y en la secuela quiere explicar la historia.

Sobre la visión que hay de la novela negra nórdica, Theorin aclara que “en los países nórdicos no se percibe un género escandinavo único, sino que está lleno de matices; hay novelas centradas en grandes ciudades como las de Jens Lapidus, ubicadas en Estocolmo y que son muy realistas, hasta las mías, en las que el entorno es el campo y se trata de historias sobrenaturales”.

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