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Ruiz Amezcua, me han condenado a una permanencia en el desierto

WUVN News
07/04/2014 9:09 AM
Actualizada: 07/04/2014 10:40 AM

Jaén, 4 jul (EFE).- El poeta Manuel Ruiz Amezcua (Jódar, Jaén, 1952), que acaba de publicar en Galaxia Gutenberg la antología, “Del lado de la vida”, cree que su poesía ha estado “en la zona de sombra” y, citando a Antonio Muñoz Molina, dice que le han condenado “no a una travesía, sino a una permanencia en el desierto”.

Esta antología poética, prologada por Muñoz Molina, abarca sus once libros editados e incluye también poemas inéditos de su próxima obra, que será publicada por Huerga y Fierro a principios del próximo año.

En una entrevista con Efe, Ruiz Amezcua ha señalado que encierra también “esa lucha entre contrarios que marca nuestra existencia: amor-desamor, vida-muerte, los de arriba y los de abajo, los de dentro y los de fuera, el cobijo y el desamparo, la tradición y la traición a esa tradición y la tradición como ruptura de sí misma”.

“La vida -añade- siempre nos coge por sorpresa y sus ideas son siempre más ricas que cualquier catecismo ideológico, por eso lleva ese título, ‘Del lado de la vida’ y de las ideas que la constituyen y la definen, en nuestra naturaleza y en nuestra historia”.

Ruiz Amezcua precisa que con esta publicación ha pretendido “lo mismo que la editorial que la ha publicado: llegar a un mayor número de lectores”, con una poesía que “siempre ha estado en las filas de atrás”.

“Bueno -señala- esa no es la única razón por la que mi poesía ha estado en la zona de sombra estos últimos cuarenta años. Como dice Antonio Muñoz Molina en el prólogo, a mí me han condenado, más que a una travesía del desierto a una permanencia en el desierto. Y esto ha sido así porque he ido a mi aire, no al de la moda al uso”.

Ruiz Amezcua asegura que “en la vida literaria española hay mucho de casta. Lo normal es encontrarse siempre a los mismos, con lo mismo y publicando en los mismos sitios de siempre. Y en el mundo de la poesía la cosa es todavía peor, ahí reaparece en toda su plenitud la España eterna y profunda del cerrado y sacristía machadiano”.

Y critica: “Como es un mundo mínimo, ahí florece la ‘cosa nostra’ que adapta la realidad a su conveniencia. Ellos mismos crean el canon, el catecismo y las capillas donde propagarlo”.

A pesar de todo, se muestra satisfecho de tener lectores “muy atentos” a su trabajo, y le gustaría que los venideros percibieran en su poesía “aquello de Walt Whitman: Quien toca este libro, toca un hombre”.

Durante estos cuarenta años de obra poética se lo ha pasado “muy bien” trabajando en sus libros, leyendo y “aprendiendo en los de otros”, y también ha disfrutado -ha sido profesor de literatura en un instituto- “dando clase a personas con interés por el conocimiento”.

Entiende que no es el más indicado para hacer una valoración del prólogo de Antonio Muñoz Molina, aunque sí apunta que es “un trabajo de una arquitectura impecable, y creo que en nueve páginas analiza muy bien mi mundo poético, desde sus comienzos hasta hoy mismo”.

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