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Explosión de arte urbano en un desguace parisino abandonado

WUVN News
07/06/2014 7:33 AM

París, 6 jul (EFE).- Escondido entre la vegetación y la mala reputación de las afueras de París, el Fuerte de Aubervilliers se convierte en un efímero museo al aire libre durante el festival In Situ, donde convergen las obras de más de cincuenta artistas callejeros bajo la temática común de la transformación urbanística.

Camionetas desvalijadas, naves oxidadas y muros de ladrillos sirven de lienzo a artistas de diversas partes del mundo, que se nutren de los elementos del medio para contar la historia de un anodino terreno de la periferia parisina.

El urbanista francés Olivier Landes explica a EFE que plasmar el pasado y el futuro del entorno del Fuerte de Aubervilliers es uno de los principales objetivos de In Situ.

Landes, responsable de la organización de arte y arquitectura Art en Ville, confiesa que “aprovecharon el cambio de inquilinos en la gestión del solar” para fundar un festival de arte urbano sin precedentes en Europa y en un lugar con una historia muy poco artística.

El fuerte, que Landes describe como un lugar “secreto, mítico e inquietante”, se fundó como fortificación militar en el siglo XIX, pero en las últimas décadas alojó las instalaciones de una empresa de desguace de automóviles y de otra de servicio de grúas.

En la actualidad, el entorno está desocupado, pero la sociedad francesa AFTRP planea una importante transición urbanística en la zona, con la edificación de un barrio ecológicamente sostenible, que inspira los murales de los artistas.

El mural de un casco militar del que brota vegetación rememora los años de guerra en Europa, en los que el Fuerte de Aubervilliers velaba por proteger el noreste de París ante el avance de Alemania, pero también establece una metáfora sobre el renacer de este espacio.

Otro ejemplo del simbolismo de las obras es la pintura del rostro de una mujer a través de trazos coloridos, que adelanta la futura llegada de nuevas vecinas a un entorno históricamente masculino de militares y mecánicos.

Otra intervención artística memorable es el fresco monumental del artista cubano Jorge Rodríguez Gerada, que inmortaliza el rostro de una vecina del barrio sobre la superficie de 1.400 metros cuadrados de un antiguo aparcamiento.

Rodríguez se fijó en los rasgos de Nicole Picquart, una mujer jubilada que colabora como voluntaria en labores de integración de inmigrantes en Francia, porque buscaba representar “un personaje anónimo con impacto en una población complicada”.

El artista conectó especialmente con el trabajo social de esta francesa, porque, debido a su infancia en Estados Unidos, conoce de primera mano las dificultades de adaptación que padecen las familias emigrantes.

Sus trabajos, según indica a EFE, “no son homenajes a reyes, ni a políticos, ni están hechos para quedarse, como la tumba de Napoleón”, sino que hablan de “gente que hace cosas bien” en la actualidad.

Las obras serán derrumbadas una vez finalice el festival, lo que, según Landes, “no es ningún drama” , porque el arte urbano no está pensado para perdurar, sino para llamar la atención sobre “las personas que están ahora aquí”.

Atraer visitantes a un festival de arte urbano en una ciudad que cuenta con más de 150 museos es empresa complicada; aún más si los murales se emplazan en un solar abandonado de la temida periferia parisina.

No obstante, este espacio de exposición atípico ha conseguido un total de 13.000 visitantes desde su apertura el pasado 17 de mayo y continuará engrosando esta cifra hasta su clausura, postergada para finales de mes.

Todo un éxito para sus organizadores, que esperan que la huella del arte urbano impregne el Fuerte de Aubervilliers para que la transición urbanística conduzca a un futuro lleno de color.

Marta Rodríguez Martínez

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