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Chipre, marcada todavía por el recuerdo de la invasión turca, pide la unificación

WUVN News
07/16/2014 6:20 AM

Nicosia, 16 jul (EFE).- Cuando se cumplen cuarenta años de la invasión turca, el 20 de julio de 1974, Chipre sigue marcada por el recuerdo de esta operación militar, pero lejos de querer alimentar el odio entre las comunidades, muchos ciudadanos -greco y turcochipriotas- lo único que desean es la reunificación.

“Era la madrugada de un sábado cuando nos despertamos bruscamente con el sonido agudo de las sirenas que se entremezclaba con el tronar de los bombardeos”, cuenta a Efe Constantia Samára, de 73 años.

Poco después, los ciudadanos eran informados por radio de que las fuerzas armadas de Turquía habían lanzado una operación militar contra Chipre, la denominada “operación Attila”, el código que Ankara había dado a esta ofensiva.

Una ofensiva militar desatada tan sólo cinco días después de que los chipriotas, el 15 de julio, hubieran asistido a otro evento político que sacudió sus vidas: el golpe de Estado contra el presidente de Chipre, el arzobispo Makarios III.

“¿Qué iba a pasar ahora? De repente la gente entró en pánico, cazas turcos llenaban el cielo, nos bombardeaban. Teníamos que encontrar refugios, huir”, continúa con su recuerdo esta mujer.

A partir de aquel día, Chipre empezó a escribir las páginas mas negras de su historia, cuyas consecuencias no solo están vivas en las memorias sino siguen marcando la vida cotidiana de los chipriotas.

“Cuarenta años es muchísimo y no sé si el alma puede soportar mas. Siento mucha pena,” agrega la mujer, que, al igual que la mayoría de los desplazados, demandan la reunificación de su país y la vuelta a sus hogares.

La llegada de los soldados de Ankara dejó unos 4.000 muertos y a unas 1.500 personas que aún están desaparecidas, mientras obligó a unos 200.000 habitantes de origen griego y a unos 40.000 turcochipriotas a escapar y dejar atrás sus propiedades.

Turquía presentó su ofensiva como una acción “destinada a restablecer el orden constitucional” y “a proteger a los turcochipriotas”, que representaban el 18 % de la población, en respuesta a la intentona de golpe militar orquestado por la Junta de Coroneles que gobernaba entonces Grecia.

Han pasado cuatro décadas y Turquía sigue manteniendo el 36 % del territorio norte de Chipre bajo su control.

“Nos echaron del pueblo, sin que pudiéramos llevarnos nada con nosotros”, dice a Efe Mustafa Onurer, un turcochipriota jubilado de 60 años, que cuenta cómo los soldados grecochipriotas le obligaron a dejar Episkopi, su pueblo en el sur de la isla, después de haber perdido a parientes y amigos en la ofensiva.

“Uno de los tres países garantes de la independencia de Chipre, Grecia, organizó el golpe, el segundo país garante, Turquía, utilizó el golpe como pretexto para invadir el país, y el tercer garante, Gran Bretaña, se quedó quieto sin hacer nada”.

Con estas palabras resume Onurer su análisis de los acontecimientos.

“Estábamos muy emocionados entonces, pensando que quizás (la invasión) era la única solución al problema de Chipre”, explica Onurer, quien recuerda que los primeros enfrentamientos intercomunales habían estallado ya en 1963.

A su juicio, esto explica la voluntad inicial de los ciudadanos turchochipriotas para desplazarse hacia el norte.

“Pero tan pronto como llegamos, vimos la verdadera cara de todo lo que estaba ocurriendo. Empezamos a darnos cuenta de que lo que decía Turquía, que había venido para salvar el país y para restablecer el orden, no era cierto. Hoy podemos darnos mejor cuenta de que se trataba de una invasión”, explica.

Según Onurer, el acuerdo entre Makarios y el líder turcochipriota de entonces, Rauf Denkstash, para el intercambio de la población no vino a significar otra cosa que “la partición de la isla”.

“Una parte griega en el sur y una turcochipriota en el norte. Esto no es algo que podía unir”, recalca.

Pese a todo, Onurer cree que “junto a los grecochipriotas podemos hacer un país libre y unido. Chipre es un país muy pequeño pero lo suficientemente grande para todos nosotros.

En 2003, las autoridades turcochipriotas anunciaron el levantamiento parcial de restricciones impuestas desde 1974 al movimiento de personas.

Tras décadas de separación y de estar obligados a considerarse enemigos pese a haber coexistido pacíficamente durante siglos, ciudadanos de ambas comunidades volvían a reencontrarse.

“Cruzo a menudo. Voy al norte y visito a amigos turcochipriotas, o el cementerio donde están enterrados mis abuelos. Vivo lo que nos impidieron hacer durante tantos años”, dice un hombre de 54 años, quien como tantos otros lo que reclama ahora es la reunificación.

Por Flora Alexandrou