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La Estación Central del primer ferrocarril de Sudamérica cumple 150 años

WUVN News
07/24/2014 12:20 PM

Asunción, 24 jul (EFE).- La Estación Central de Asunción cumple hoy 150 años de su construcción, cuando se situó a la vanguardia del continente con el primer servicio ferroviario de pasajeros de Sudamérica, un esplendor apreciado en su descomunal edificio neogótico, ahora convertido en museo.

La estructura, un complejo que despunta en una ciudad poco sobrada de joyas arquitectónicas, se mantiene como memoria de una época de brillo económico en Paraguay que fue languideciendo a medida que lo hacía su ferrocarril, que firmó su certificado de defunción en 1999.

El recuerdo de ese tiempo permanece vivo gracias a que el edificio, cuyas obras finalizaron en 1864 bajo la batuta del arquitecto británico Alonso Taylor y el italiano Alejandro Ravizza, se acomodó hace unos años como museo temático.

Su oferta constituye todo un viaje por el túnel del tiempo, que se detiene en sus muros y torreones, en sus espléndidos andenes y en unos viejos raíles donde descansa la principal reliquia de la estación: la locomotora a vapor que tres años antes inauguró la gran aventura del ferrocarril paraguayo.

Bautizada con el nombre de Asunción, sin embargo la máquina sería conocida por los paraguayos como Sapucay (grito, en guaraní), debido a su estruendoso pitido hasta entonces desconocido por los asuncenos.

“Fue fabricada en 1854 en el Reino Unido y traída por orden del presidente Carlos Antonio López. El 21 de octubre de 1861 hizo su primer trayecto, hasta el Jardín Botánico, donde el presidente tenía su mansión”, dijo a Efe Guillermo Soria, encargado del museo.

Dado ese paso, el sueño ferroviario del presidente fue luego recogido por su hijo y sucesor, el controvertido mariscal Francisco Solano López, que el 24 de julio de 1864, día de su 37 cumpleaños, inauguró la flamante estación.

“Él estuvo presente en la inauguración en compañía de su estado mayor. Fue todo un acontecimiento, según los periódicos de la época, que destacaron que era el mayor edificio de ingeniería civil de Asunción”, recordó Soria.

Con el país comandado por un hombre que ambicionaba la modernización de Paraguay, la ruta ferroviaria se extendió hasta la localidad de Paraguarí, un total de 72 kilómetros que se hacían en cuatro horas.

“Para hacerlo se importaron otras siete máquinas de vapor británicas y tres vagones utilizados como modelo para la fabricación de otros nuevos”, apuntó Soria.

El avance del “caballo de hierro guaraní” se interrumpió con la Guerra de la Triple Alianza (1864-1870), que acabó con la destrucción económica del país, la muerte de decenas de miles de paraguayos, entre ellos el propio Francisco Solano López, abatido por las tropas brasileñas.

“Tras la guerra el servicio se privatizó y fue comprado por una empresa británica y pasó a llamarse Railway Central Paraguay o Ferrocarril Central de Paraguay”, acotó Soria.

Es en manos británicas cuando la Estación Central de Asunción adquiere categoría de primera clase: en ella paran los pasajeros acaudalados con destino al veraniego San Bernardino, cerca del lago Ypacaray, y los hombres de negocios que viajan a Buenos Aires.

“En 1911 se estableció una línea hasta Encarnación de 350 kilómetros que se hacían en 30 horas. Allí los vagones cruzaban el río en un ferry a vapor hasta Posadas, en Argentina, donde desembarcaban, y ya en las vías iban hasta Buenos Aires, un total de 1.855 kilómetros que se cubrían en 30 horas”, indicó Soria.

Un año antes, la compañía había encargado el diseño de uno de sus vagones más lujosos, el destinado para el uso exclusivo de los presidentes paraguayos, que es otra de las atracciones del museo.

El interior de este furgón, que hoy se abrirá al público con motivo del aniversario de la estación, muestra la comodidad en la que viajaron, desde 1910 hasta 1999, presidentes paraguayos como el dictador Alfredo Stroessner, que podía gozar desde una ducha hasta un servicio de restaurante a la carta.

Junto a estos exponentes, el museo sorprende al visitante con más de 500 objetos que abarcan siglo y medio de historia, y que van desde antiguas máquinas de telégrafo y primitivos faroles a queroseno a teléfonos a magneto y pesados silbatos de cobre.

“Tiene un enorme valor emocional (el museo). El ferrocarril está inserto en el ADN del paraguayo porque representa la época del auge económico del país y nos sacó hasta los puertos del Río de la Plata”, dijo a Efe Roberto Salinas, presidente de Ferrocarriles del Paraguay.